BACIS 25. LEGIÓN

La guerra volverá al  Reino de Otaez. El pueblo se verá dividido y los Portadores deberán decidir a qué bando pertenecer. Este conflicto será encabezado por cierta Legión. Siete personajes que lucharán por liberar de la opresión a los más desfavorecidos. Hoy es el día en que esa Legión nació.

El sol se dirigía hacia Nad. Este se quedó en su lugar y esperó a que las llamas lo consumieran. La masa de calor y fuego fundido avanzó derritiendo todo a su paso. No había manera de escapar.

    Odinos revisó el reloj de arena. Los quinces segundos casi terminaban. El último grano tocó cayó y ruber se quedó con la duda de si su oponente hubiera sobrevivido al ataque.

—¡TIEMPO! ¡El COMBATE HA TERMINADO!

La voz del Portador sonó aliviada. El sol que iba camino a Nad se deshizo y las chispas fueron esparcidas por la Arena. Las nubes purpuras regresaron a su color original y el aura temible de los contrincantes desapareció. Ruber, ensangrentado y con la poca ropa que le quedaba sonreía.

—¡Eso no se vale, Odinos! ¡Nad y yo queríamos más!

—Líder Ruber, las reglas son muy claras.

—Ustedes y sus reglas. ¡Nad, amigo! ¡¿Nos divertimos bastante verdad?!

—Un poco – respondió.

—¡Por cierto! ¡Felicidades!

Nad tardó en entender las palabras de Ruber. En medio de la pista destruida, sin su capa, con los Portadores y los aspirantes de testigo acababa de convertirse en el nuevo líder de la Legión de Cobre. Agelein estaba feliz al ver que su amigo logró lo que se propuso  el día que entraron al Centro de Inscripciones.

—Nad es un Líder de Legión – dijo Agelein.

—¡Señor Oscuro soy su nuevo fan!

—Futuro esposo aquí estoy para ti.

—Una palabra que está más allá de los Dioses – repitió Eli.

El joven salió de la pista. Los Portadores no se atrevieron a dirigirle la mirada y quienes dudaron de su fuerza voltearon la cabeza a otro lado. No sólo demostró tener el poder suficiente para ser líder sino que su nivel estaba a la par de Ruber.

—Hoba, ¿sabías el pueblerino que iba a ganar? – preguntaron los trillizos Merló.

—Era una probabilidad.

El ambiente cambió. Nad impuso respeto y así lo demostró cuando llegó por su capa con Agelein. Los participantes que estaban alrededor se movieron para dejarlo pasar. Sólo Eli pudo notar que su antiguo compañero de equipo se tocó el pecho discretamente mientras caminaba.

—Gracias por cuidar mi capa.

—¡Eres un Líder de Legión, Nad! ¡Un líderrrrrr! – exclamó Agelein.

—Ya veo.

—Lo hiciste bien para ser un novato – dijo Sariel con extrema confianza.

—Ya veo.

—Aún tenemos pendiente un combate – le recordó Eli.

—Ya veo.

—¡Atención! ¡Oficialmente el examen de Portadores de este año ha terminado!

Un grito de júbilo siguió a la noticia de Odinos. De 100 participantes, sólo 20 jóvenes fueron capaces de superar las cuatro pruebas. Dejaban de ser pueblerinos o plebeyos para ser nombrados Portadores. Hubo lágrimas, saltos y mucho orgullo.

—¡Siguiendo el protocolo real pasaremos a la ceremonia de graduación! ¡Los cinco líderes darán un discurso de bienvenida a los nuevos miembros y harán entrega de los tabardos! ¡Pero antes esperaremos a que la Arena sea arreglada!

Quién controlaba el Centro de Inscripciones era un misterio. El edificio tardó una hora en reconstruirse. Los escombros, las paredes caídas, los ventanales quebrados, las puertas astilladas, los estandartes incendiados y las bancas pulverizadas, volvieron a su lugar.

    En la pista colocaron cinco mesas con los tabardos de los próximos Portadores. 20 trajes hechos a la medida y decorados según la Legión a la que pertenecieran. Del palco bajaron los cuatro líderes y se unieron a Ruber, quién sin rastros de sangre traía puesto su uniforme.

—¡Futuros Portadores! ¡Suban a la pista y colóquense en fila frente al Líder de su Legión!

Los  jóvenes siguieron las instrucciones de Odinos. La Legión que recibiría más miembros era la de Argen con seis integrantes. Seguido de Aurum con cuatro. Y después Persa, Chappir y Ruber con tres miembros respectivamente. Sin contar a Nad, 19 novatos entrarían como protectores de Otaez.

—¡Nad! ¡Por favor colóquese delante de todos!

Nad se separó del resto. Agelein quiso despedirse pero la ceremonia no podía atrasarse, así que se quedó viéndolo desde la fila que compartía con Tora. Sariel y Eli se encontraban al otro extremo y tampoco pudo despedirse de ellos como hubiera querido. Los ánimos con los que entró a presentar el examen se desvanecían.

—No te veo muy convencido, Agelein – dijo Tora. – Ya sabes que podrás seguirlos viendo de vez en cuando, lo mismo haremos Aznal, Hedera, Surypa y yo.

—En realidad es otra cosa. Creo que esta Legión no es la correcta.

—¿Lo dices por lo que pasó en tu combate? El líder se mira que es estricto y disciplinado pero dudo mucho que le guste lastimar a sus subordinados por gusto.

—Eso espero.

—¡A continuación los cinco Líderes darán un discurso de bienvenida y pasarán a otorgarles el traje que deberán proteger con su vida! ¡Posteriormente se hará el ritual de ingreso para el nuevo líder! ¡Por lo que le pido joven Nad que no se mueva! – gritó Odinos.

Argen fue el primero en hablar. Se notaba una persona compasiva y justa con quienes lo seguían. Hedera se mantuvo firme para recibir su tabardo y trató de controlar sus nervios.

—¡Nuestro objetivo es proteger al pueblo de Otaez y velar por el bien de todo ciudadano! ¡Aquí no hay nobles ni plebeyos! ¡Sólo Portadores!  ¡En esta Legión, el trabajo nunca les faltará y siempre habrá un plato de comida para ustedes!

—¡Tan bellas palabras, jefe! – exclamó Odinos sollozando.

Hedera recibió su traje de plata. De igual manera estaban  allí Pica, Prunella, el equipo de los jóvenes con la palabra del barro y el lodo. Y Ursus. El único noble entre todo el grupo.

Aurum se conocía por ser el líder más estricto y cruel. Esa forma de actuar estaba impregnada en cada integrante de su grupo. Eran ellos quienes cobraban los altos impuestos que iba dictaminando el Rey y aquel que no pagara debía someterse a la tortura o la venta de un familiar.

—¡A ver! ¡Aquí no habrá besitos ni abrazos de consolación! ¡El que quiera estar con nosotros deberá aprender a sobrevivir por su cuenta! ¡El que no, puede irse! ¡A mí me da igual!

Tora pasó por el tabardo, después el equipo del joven con poderes de gallina y su amigo con la palabra flecha. Agelein fue dudoso y se topó con Aurum. Este no le dirigió la mirada, en la punta de los dedos sostenía el traje como si le diera asco tenerlo cerca.

—¡¿Lo vas a tomar o no?!

—Sí, señor.

—¡Se dice, sí Líder Aurum!

—Sí, Líder Aurum.

—¡Más fuerte!

—¡Sí, Líder Aurum!

Para el caso de Chappir sólo los trillizos Merló ingresaron bajo su mando. La mirada serpentosa y la forma en la que fingían ser más tontos de lo que eran no le agradaba.

—¡El respeto y la honestidad son los principales requisitos para entrar a esta Legión! ¡Somos una hermandad y como tal juramos protegernos! ¡Si su espalda queda descubierta yo velaré por ella! ¡Si resultan heridos o muertos en batalla yo los vengaré! ¡Y así ustedes lo harán con sus compañeros! ¡Somos la tercera Legión más fuerte! ¡El tercer brazo de este reino!

Persa dio su discurso adormilada. Si es que a eso pudo llamársele discurso. Con la cabeza ladeando y la baba escurriendo por un lado intentó motivar a sus recién subordinados. Aunque por el exceso de sueño y flojera, ninguno entendió a qué clase de facción se acababan de unir.

—¡Persa… soy….! ¡El que no cumpla…! ¡Limpia mis almohadas! – roncó Persa.

—¿Se acaba de quedar dormida? – preguntó Aznal.

—Así es mi hermana – respondió Sariel roncando también.

—¿A dónde me metí? ¡Príncipe Supremo, ayuda!

Eli, Hoba y Surypa eran los únicos miembros con anillo Rubí que habían aprobado el examen. El grupo del Portador más fuerte recibía sólo tres miembros. Cosa que no pasaba desde hace mucho. Ruber se rascaba la nariz y probaba los mocos que se le quedaban pegados en el dedo.

—Líder Ruber. Su discurso – dijo Odinos.

—¡Mi discurso! ¡Hola, soy Ruber! ¡Aquí está su ropita!

—Odinos y los cuatro líderes suspiraron. Diez años y no podían acostumbrarse a que el líder de la Legión más importante actuara como niño. Surypa tomó el tabardo y cuando lo hizo Ruber apretó su muñeca dos veces, esta asintió. En el caso de Hoba no sucedió y para el turno de Eli nada salía según lo esperado.

—Gracias, Líder Ruber, pero yo…

—¡Venga y tome su ropita, Majestad!

—Me llamo Eli, eso no importa ahora, yo quería decirle que…

—¡Que agarre su ropita!

Ruber le colocó a la fuerza el tabardo  sin dejarlo terminar de hablar. Malhumorado regresó a la fila junto a su hermanastro y Surypa. Los 19 jóvenes estaban vestidos como Portadores. Sus trajes relucían y el aplauso de las gradas los entusiasmó. Ya sólo quedaba Nad.

—¡Joven Nad! ¡En nombre del Rey de Otaez lo felicito! ¡Usted será la primera persona sin anillo de toda la historia en convertirse en Portador! ¡Líderes si me hacen el favor! ¡Novatos retrocedan!

Nad quedó a solas con los cinco líderes. Los Portadores que estaban en las gradas se pusieron de pie y levantaron la mano donde utilizaban su anillo. Ruber, Persa, Chappir, Aurum y Argen hicieron lo mismo, hablando al mismo tiempo.

— ¡A partir de este momento tu alma le pertenecerá al pueblo de Otaez! ¡Protegerás con la palabra que te fue otorgada las cuatro esquinas del mundo y si llegase el momento ofrecerás tu cuerpo para salvar a cada uno de quienes aquí viven! ¡Serás el escudo y la espada! ¡El primero y el último en la línea de ataque! ¡¿Aceptas convertirte en Portador y ser llamado Líder de la Legión de Cobre?!

—Acepto.

—¡Nosotros! ¡Los cinco líderes! ¡Te nombramos a ti el Primer Líder sin anillo! ¡Que la sexta silla sea tuya!

Los Portadores hicieron una leve reverencia. El famoso Grupo Chatarra volvía a tener quien lo dirigiera. Agelein aplaudía. Su amigo llegó al puesto que muchos deseaban. Nad, la persona más joven en comandar una Legión.

    Se paró junto a los otros cinco líderes, completando así las seis Legiones que velaban por el Reino de Otaez. Sin embargo en su equipo sólo había una persona. En el espacio reservado para la Legión de Cobre estaba sentada la única sobreviviente del grupo original.

—Líder Nad. Actualmente usted cuenta con un solo subordinado, pero esperamos que en exámenes posteriores el número de usuarios aumente – explicó Odinos. – ¡Para los nuevos reclutas, este es el momento en que pueden decidir cambiar de Legión! ¡Cómo se les dijo, ustedes aplicaron para entrar al grupo en el que ahora se encuentran! ¡Sin embargo pueden escoger otra facción! ¡Pero les recomendamos que se queden con quienes comparten su mismo anillo! ¡Así ha sido desde siempre! ¡¿Alguien quiere ser reubicado?! ¡Hablen ya!

Desde la fundación de las Legiones nadie había cambiado de grupo. Esta ley era una prueba que demostraba lo seguro que se mostraban los Portadores de pertenecer a su facción. Además un grupo donde los anillos de cada usuario fueran diferentes complicaría la manera de trabajar y coordinarse. Sin mencionar la diferencia de poder entre un sortija de oro, esmeralda y rubí, por ejemplo.

—Odinos, por qué no dejamos que mi buen amigo Nad dé un discurso para que reclute algún miembro – propuso Ruber.

—Líder Nad, ¿desea decir algunas palabras?

—No.

—Vamos, Nad, anímate – insistió Ruber.

—No.

—Ándale.

—Sólo para que me dejes de molestar.

—¡Ujú!

Aunque Nad diera un discurso no se esperaba que alguien quisiera unirse. La Legión que ahora comandaba era la peor tratada y el pueblo le tenía poco respeto. Además al morir la mayoría de sus miembros muchos pensaban que el Grupo Chatarra corría con algún tipo de maldición. Las palabras del joven sin anillo serían recordadas en el futuro.

—Alguna vez tuve nombre. No recuerdo cuál era ni cómo se pronunciaba. Así que por el momento pueden llamarme Nad. Tengo una sola meta. Encontrar Bacis. La Tierra de los Dioses y haré lo que sea para conseguirlo. Es un viaje egoísta y que sólo a mí me pertenece. Pero si así lo desean pueden acompañarme hasta dónde mejor les convenga. Es todo.

Bacis. La Tierra de los Dioses. La misión parecía imposible. Nadie había llegado al lugar donde habitaban los creadores del mundo. Nunca se supo qué camino o mapa llevaba a las puertas de Bacis. El único indicio todavía existente era el portal de piedra sumergido en el lago de Otaez. Que se creía estuvo abierto hasta la desaparición de los Dioses.

    Los Portadores y los cinco líderes se quedaron perplejos. Nad de verdad esperaba encontrar un lugar mítico, un cuento que contarles a los niños antes de dormir. No se dudaba de la existencia de los Dioses pero la creencia de Bacis iba disminuyendo a través de los siglos. Nadie levantó la mano.

—Líder Nad, aammm, creo que pasaremos al cierre de ceremonia ya que ninguno estuvo intere… —Odinos fue interrumpido.

—¡Pido unirme a la Legión de Cobre!

—¡Yo también!

—¡Y yo!

Eli, Agelein y Sariel alzaron su brazo.  El público no supo cómo reaccionar al ver que el Príncipe de Otaez dejaba la Legión más importante para estar en el Grupo Chatarra. Persa no se dio cuenta de lo que acababa de hacer su hermana por estar dormida y Agelein estuvo esperando desde el momento en que descubrió las intenciones de su amigo para unirse.

—¿Están seguros de lo que dicen? – les preguntó Nad.

—¡Sí!

—Ya veo.

El examen de Portadores terminó con la formación de una nueva Legión. La primera en contar con un Portador sin anillo y cuatro usuarios con sortijas diferentes. Qué cambios podría traer un equipo así era algo que todavía no se sabremos. Nad, Eli, Agelein y Sariel se pararon en medio de la Arena como los nuevos Portadores de la Legión de Cobre.  Otaez estaba a punto de cambiar.

La Legión de los Seis Anillos ha nacido. Siete jóvenes que se enfrentarán cara a cara con el Portal de Otaez, siete jóvenes que descubrirán la verdad detrás de la guerra  de hace diez años, siete jóvenes que se ganarán el amor y la lealtad del pueblo.  Es la época en la que Nad recordaría cómo era sentarse en la mesa y comer junto a su familia. Porque eso serán. Su familia.

Bacis: La tierra de los Dioses concluye aquí su primera temporada. Agradecemos su entusiasmo e interés por la historia. Volveremos pronto. Nad fuera.