BACIS 23. EL MENSAJERO DEL SOL

Al final de la guerra trovadores y poetas se encargaron de esparcir su leyenda por  el mundo. Las gestas narran que con  un sólo brazo hizo cenizas el territorio enemigo. Desde entonces es conocido como el Mensajero del Sol.  Su verdadero nombre es Ruber. El Portador más fuerte de todos los tiempos.

—Conseguiste un buen miembro, Aurum, a pesar de que querías matarlo.

—Cállate, Argen.

—Anillos como ese se ven muy rara vez – agregó Chappir.

—Yo conozco a alguien que tiene uno muyyyyy parecido – bostezó Persa.

Agelein regresó a las bancas. Sus heridas sanaron y La Domadora desapareció del coliseo.

—¡Ganaste, llorón! ¿Por qué no me dijiste que sí eras un ángel?

—No, no, no, no soy un ángel, Sariel – respondió Agelein sonrojado.

—¡Todos vimos las alas y las chispas doradas! ¡Eres un ángel!

—¿Te da gusto que haya aprobado? – preguntó otra vez sonrojado.

—¡Pues claro! Así me podrás seguir contado acerca de Nad, mi futuro esposo.

—¡Sariel!

19 competidores acababan de aprobar el examen de Portadores. Cada uno con habilidades y objetivos diferentes. El entusiasmo  suavizó el ambiente tras la casi muerte de Agelein a manos de La Domadora y sus látigos de espinas.

    A pesar de que bromeaban acerca de cómo se irían a visitar a las diferentes Legiones, sabían lo que continuaba. La última pelea.  Portadores y aspirantes intercambiaron opiniones hasta que ya no hubo más que decir. Era momento de descubrir si Nad estaba hecho para ser un líder de Legión. 

—Ya, enserio, ¿creen que gane el Señor Oscuro? – comentó Aznal

—No tiene anillo, eso lo pone en desventaja– dijo Tora.

—Nad no utiliza anillos – respondió Agelein.

—¿Qué es él entonces, Agelein? – preguntó Eli.

—¡Mi futuro esposo! – interrumpió Sariel.

Además de Nad, Ruber también era tema de conversación. Los participantes especulaban sobre la leyenda del Portador más fuerte de todo Otaez y el poder de su sortija. Emocionados esperaban a que apareciera.

—Hoba, aún puedes hacer tu apuesta si quieres– dijeron los trillizos Merló.

— …

—Mejor para nosotros, ganaremos más cosas.  

Odinos impaciente en la pista se preguntaba a qué hora Ruber decidiría llegar. El combate se retrasaba y los Portadores estaban desesperados para que iniciara.  

—¡Empieza el combate, Odinos!

—¡Queremos ver sangre!

—¡Ruber! ¡Ruber! ¡Ruber!

El nombre de Ruber retumbó en el coliseo. La admiración y el respeto que le tenían sobrepasaba al de los demás líderes. Ellos lo sabían bien y habían aprendido a vivir con ello a lo largo de los años. Quietos, permanecían en sus sillas, dejando que la multitud aullara. Odinos tuvo que tomar una decisión.

—¡Participante, Nad! ¡Suba a la pista!

La algarabía hizo eco en las paredes. Los Portadores alzaron los brazos y dieron chiflidos. Ninguna Legión estuvo exenta del alboroto y los participantes también se vieron influenciados. Claro, la nobleza no hizo ningún movimiento, sólo desaprobaba con la cabeza la actitud de sus compañeros.  

—¡Vamos, Señor Oscuro!

—¡Tú puedes joven que nos salvó de ser pájaros para siempre!

—¡Tienes que ganar, aunque hayas ignorado a nuestros soldados de lodo!

Sin desearlo Nad fue atrayendo a varios aspirantes. Su forma callada y la manera en que se dirigía a los demás dejaron gran impresión desde el inicio del examen. Antes de ingresar a la pista y con el barullo sobre sus oídos caminó hacia donde se encontraban Agelein, Sariel y Eli.

—Nad, gracias, si no me hubieras animado habría perdido mi anillo.

—¡Futuro esposo!

—Te pido una disculpa, Nad, sólo me quisiste ayudar para que no perdiera el control.

—Cuiden esto. Es muy importante para mí.

Nad se quitó su capa. La desabrochó con delicadeza y la puso en manos de Agelein, Sariel y Eli. Miró a cada uno para saber si habían entendido lo que les dijo y así, sin un manto que lo cubriera fue a la pista.

—¡Qué guapo!

—Desde que lo conozco trae puesta esta capa – dijo Agelein.

—En la selva tampoco se la quitó a pesar del calor – comentó Eli.

Vestido totalmente de negro, con el parche en el ojo izquierdo y los guantes todavía en sus manos subió las pequeñas escalinatas que servían como desnivel para ingresar al lugar del combate. Enfrente estaba Odinos,  el palco y los cuatros líderes observándolo.

—Qué mirada tan potente – dijo Persa.

—Ese joven debe haber pasado por mucho – respondió Argen.

—Cubre sus manos y ha perdido uno de sus ojos – comentó Chappir.

—Me da asco – escupió Aurum.

Los Portadores intentaron una vez más percibir alguna clase de poder en Nad. Sus anillos no respondieron. Era tan sólo una persona común, un pueblerino que logró entrometerse en el examen de Portadores y llegar hasta el final. Odinos presentó al concursante.

—¡El siguiente combate es un evento especial! ¡Ya que será la primera vez que alguien sin anillo compita por convertirse en Portador y Líder de Legión! ¡Además, este participante, es la persona más joven en aspirar por tal título con sólo 17 años! ¡Nad, aspirante a Líder de la Legión de Cobre luchará contra Ruber, Líder de la Legión Rubí! ¡Que empiecen los quince segundos!

Odinos dudó en dar marchar al reloj aunque la multitud desesperada se lo pedía. Presionado por el griterío hizo girar los granos de arena. El coliseo quedó en silencio. Desde el fondo del pasillo una ola de calor invadió las gradas. Alguien venía.

—Hasta que llega – dijo Aurum.

—Lo veo más emocionado que de costumbre – sonrió Argen.

—¿Dónde habrá estado?

—Hay que preguntarle después del combate, Chappir, aunque ya sabemos lo que diráaaaa – bostezó Persa.

Este era el hombre más fuerte del que la Tierra había sido testigo. El niño que nació destinado a terminar con la guerra y comandar la Legión Rubí.  La gente lo idolatra y en cualquier rincón de Otaez encontrarás a alguien que te cuente durante horas la vida de El Mensajero del Sol.  Una persona incluso más querida que el rey.

    Ruber apareció. Los aspirantes quedaron pasmados. A simple vista se notaba que estaba más allá de cualquier Portador y que con un sólo chasquido podía destruir una ciudad entera. Su cabello rojizo y el tabardo escarlata, la altura y el volumen de sus músculos imponían.

    Avanzó sonriente hacia Nad. Apantallando a Portadores y aspirantes. Meneaba su cuerpo de tal forma que todo lo que tocaba y pisaba le pertenecía. El anillo rubí palpitaba en el dedo anular de su mano izquierda y el calor que desprendía sofocaba el coliseo. Sin necesidad de activar la sortija era claro que nadie podía vencerlo.

—¡Es él! ¡Es el viejo Rub!

—¿Qué dices, Agelein? – preguntó Eli.

—Nad y yo lo conocimos afuera de la Taberna del Pueblo y nos pidió que le hiciéramos un favor. Aunque traía otra ropa y barba de anciano.

—¿Por qué Ruber habrá hecho algo así?

—No sé, pero es él, estoy seguro.

—Surypa.

—Lo veo, Hedera.

Ruber subió las escalinatas y el coliseo lo recibió con aplausos. Apretó la mano de Odinos para saludarlo y este hizo una expresión de dolor que tuvo que contener. Los saludos de Ruber solían quebrarle el brazo a las personas. Su sonrisa genuina y cálida se topó con el rostro inexpresivo de Nad.

—Nad, amigo. No sabes cuánto he estado esperando este momento. 

Antes de continuar con el enfrentamiento entre Nad y Ruber regresaremos un día antes de las inscripciones. En el que los cinco líderes de Legión discutían sobre si dejar que el joven de capa negra participara en el examen.

—¿Si te das cuenta que el examen es mañana y recién apareces?

—Vamos, Aurum, no seas tan estricto conmigo, me topé con un puesto de comida riquísimo a las fueras del reino. Deberíamos ir los cinco alguna vez.

—Ese es tu problema, Ruber, nunca te tomas nada enserio y sólo piensas en qué comer o cómo escapar de las reuniones. Ya no somos los mismos niños que lucharon juntos en la guerra.

—Lo sé, Aurum, lo sé mucho mejor que ustedes.

—Dejemos los reproches a un lado y discutamos los pormenores del examen.

—¡Apoyó a Chappir! – exclamó Ruber bromeando.

—El examen de este año ha sido complicado de diseñar debido a la poca o casi nula aparición de nuevos usuarios. Además el rey nos ha pedido que aceptemos los menos posibles y le entreguemos los anillos de quienes reprueben como se ha estado haciendo desde que terminó la guerra. Eso quiere decir que…

—Ey, Chappir, no puedes darnos un resumen, así como en dos líneas. Ya sabes que no soy muy bueno con eso de las status y protocolos.

—Ah – suspiró Chappir – Está bien, Ruber. A grandes rasgos será el año con menos Portadores en nuestras filas. Debemos tener cuidado, ya que el movimiento en contra de su Majestad comienza a alentar a otros para no presentar el examen y unirse a las fuerzas rebeldes.

—Si no hay otra cosa importante quisiera proponer algo – dijo Ruber.

—Tú, ¿proponer algo? Esto debe ser un milagro de los Dioses.

—Déjalo hablar.

— Cállate Argen.

—Bueno, digamos que se me ocurrió una idea. Tengo un amigo, así sin importancia que quiere presentar el examen. Pero hay un pequeño detalle. No tiene anillo.

—¿Cómo que no tiene anillo? – preguntó Argen. ¿Todavía no es llamado por su sortija?

—No, para nada, ya cumplió 17 años.

—Entonces nunca será Portador. Deja de decir estupideces Ruber.

—Vamos, Aurum. Tengo un presentimiento por este joven.

—¿Qué más propones? – agregó Chappir.

—Ammm, que lo dejen presentar el examen a la Legión que mi amigo desee y en caso de que llegue al final yo pelearé contra él. Para que no digan que quiero hacer trampa.

—Mmmmm – pensó Chappir. —Sería interesante ver sus cualidades y si tienes un presentimiento debe ser por algo, pero ya sabes, tenemos que ponerlo a votación.

—¡Votemos! – gritó Ruber. – Yo estoy a favor de mi propia propuesta.

—En contra – dijo Aurum.

—Lo siento, Ruber, pero estaré en contra – votó Chappir.

—A favor, quiero conocer a ese joven – dijo Argen.

—¡Ey, Persa! ¡Despierta! ¡Estamos votando por reducir las horas de trabajo y dormir más! –Ruber golpeó la meza.

—A favorrrrrrrrr – bostezó Persa.

—Ja,ja,ja,ja, se ha decidido. Mi amigo presentará el examen de Portadores y lucharemos al final.

—¿Cómo estás tan seguro que alguien sin anillo pueda aprobar siquiera el primer reto?

—Presentimientos, Aurum, presentimientos. Mi trabajo aquí está hecho, un gusto saludarlos a todos.

—Tendremos que esperar a ver qué Legión escoge el conocido de Ruber – comentó Chappir resignado.

Nad supo sobre la identidad de Ruber desde el principio. Y reconoció que si alguna vez se enfrentaban tendría que tomárselo enserio. Su barba falsa y las ropas mugrientas podían ocultar quién era pero no así el poder nato que albergaba. La energía del anillo rubí estrujaba las muros del coliseo agrietándolos.

¿Dónde dejaste la barba?

Oh, ese es un secreto que sé sabrás guardar muy bien. Pero dime, ¿dónde dejaste tú la capa?

Por allá.

Déjame buscar – Ruber colocó sus manos en la cara como binoculares. –Ah, está con Agelein. De ser ese el caso supongo que yo también tendré que quitarme esto, ¿no crees? – sonrió.

Ruber se desprendió del tabardo escarlata y lo lanzó afuera de la pista. Con una camisa de manga corta, la cual mostraba el tamaño de sus brazos y unos pantalones más cómodos que su traje habitual movió el cuello a los lados para calentar. Dio pequeños saltos y cuatro respiraciones exageradas.

¿Estamos listos, Nad?

Así es.

Eso quería escuchar. ¡Alza tu mano! ¡Que lo mismo haré yo! – Ruber levantó su brazo izquierdo con la palma extendida y con una voz más profunda pronunció el enunciado de invocación. – Anillo de las 99 Deidades. El Dios del Sol. ¡SOLANT!

El Mensajero del Sol aparece. El Portador más fuerte de todos los tiempos enfrentará al joven que han subestimado desde el inicio del examen. Nad desatará la palabra con la que carga. El rumbo de las Legiones está por cambiar.