BACIS 19. PELEA O ÉCHATE A DORMIR

Los combates iniciarán en la Arena de Portadores. En el palco cuatro figuras esperan a ver las habilidades de sus futuros subordinados. Después de aquí sólo hay victorias o derrotas.

La letra era clara. En el último combate Nad lucharía para reclamar el título como nuevo Líder de la Legión de Cobre. Asombrados,  participantes y Portadores leyeron con detenimiento lo escrito en la pizarra.

—Los líderes no iban a dejar que alguien como él se uniera a las Legiones.

—Ruber lo va a destrozar.

—¿Cuántos años tiene? ¿16? ¿17? ¿A quién se le ocurre?

En el coliseo se burlaban y compadecían. Nad sólo era un adolescente que tuvo la suerte suficiente para completar las pruebas anteriores. Ruber lo fulminaría en el primer segundo.

    Los aspirantes pensaban más o menos igual. Sobre todo la clase noble. Resentidos apostaban sobre cuánto duraría en el combate y qué partes del cuerpo le quebrarían. Hacían chistes acerca de sus guantes y lo imitaban cubriéndose el ojo izquierdo.

—Mi cabaña del lago a que pierde en el segundo dos – dijo Merló 1.

—Tres de mis sirvientas y cuatro perros de caza a que pierde en el segundo cinco – contestó Ursus.

—Sin arrepentirse, ¿ehhh?– agregó Merló 2.

—Hoba  ¿tú qué apuestas? – le preguntó Merló 3.

—…

Por su parte los demás felicitaron a Nad. Agelein era el más sorprendido ya que nunca se le cruzó por la cabeza que su amigo iría por un puesto tan alto. Y confiaba en que lo lograría. Sus caminos estaban por separarse y eso le entristeció.

—Puedo platicarte acerca de Ruber si así lo deseas – dijo Eli.

—No.

—Nad, ¿por qué no me dijiste que serías el líder de la Legión de Cobre?

—Todavía no lo soy, Agel.

—Si ves a mi hermana dile que me cae mal.

—No sé quién es tu hermana, niña.

—¡Deja de decirme niña! Tu y yo nos casaremos.

—¡Todos te escuchamos, Sariel! – estalló Agelein.

—Tu amigo está celoso de nosotros, Nad mío.

—¡Te escuchamos, Sariel!

El barullo fue disminuyendo y los participantes prestaron mayor atención a sus propios combates. Memorizaron el lugar que les habían asignado y el nombre del Portador que enfrentarían. Odinos interrumpió

—¡Participantes! ¡Mientras los combates suceden ustedes estarán sentados en las bancas esperando su turno! ¡Al término de cada encuentro el siguiente en la lista deberá presentarse a la plataforma! ¡Los quince segundos serán contados por mí y no pueden intercambiar lugares!  ¡Por favor retírense si ya se aprendieron el número que les fue asignado!

Las bancas estaban ubicadas alrededor de la pista. Cada quien tomó lugar donde quiso. Nad se distanció pensativo del grupo hasta el asiento más alejado que pudo encontrar.

—El Señor Oscuro anda más oscuro que de costumbre – notó Aznal.

—Enfrentará a un Líder de Legión es lógico – respondió Tora.

—Miren, ahí vienen Sariel, Agelein y… ¡El Príncipe Eli! – Hedera se escondió detrás de Surypa.

Agelein y Sariel se reunieron con los amigos que habían formado a lo largo del examen. Eli sólo los siguió a sabiendas que Surypa continuaba sin confiar en él. Los Portadores nacidos en la nobleza veían de mal modo que el heredero al trono estuviera formando lazos con gente de menor categoría.

—Qué tal, Surypa.

—Saludos, Majestad.

—Sólo Eli.

—¡Principe Supremo! ¡Creí que ya se había olvidado de mí!

— Hace menos de un día que nos vimos, Aznal.

—¡Para mi fueron siglos! ¡¿Ya le presente a Hedera su más fiel fan?!

—Nos presentaste en el zócalo. Qué tal, Hedera.

—Ma, ma, ma, majestad.

—Sólo Eli.

Así como ellos los aspirantes se reunieron en las bancas a esperar que los combates iniciaran. Nad rehuido de cualquier molestia se acostó sobre la banca, cubrió su rostro con la capucha y colocó sus brazos detrás de la cabeza. Odinos volteó hacia los líderes de Legión para que le dieran la señal de inicio.

—Pueden comenzar – dijo Chappir.

—¡Participantes! ¡Manténganse en la zona asignada! ¡No se permitirá ningún tipo de intervención! ¡Si llegara a suceder los aspirantes en cuestión serán eliminados automáticamente!

Odinos sacó del tabardo plateado un reloj de arena con sólo quince granos. Lo agitó y le dio unos golpecillos para verificar que funcionaba. Carraspeó, tragó saliva  y gritó con toda la capacidad que la palabra de su anillo le permitió.

—¡QUE PASE EL PRIMER ASPIRANTE!

Enclenque y avergonzado de las bancas se paró uno de los jóvenes. La sortija de plata le resbalaba por el dedo y se notaba que venía de las clases menos favorecidas de Otaez. Calzaba un par de sandalias de paja y vestía con un pantalón desgarrado.

    Agachó la cabeza y entró a la pista. Meneándose a los lados no dejó que le vieran la cara. El escenario imponía. Cada movimiento, fallo o punto débil que mostraras sería juzgado.  Odinos presentó al oponente.

—¡QUE PASE EL PORTADOR!

La diferencia era notable. El hombre que salió a la pista se condujo con seguridad y rapidez. El tabardo plateado lo hacía parecer más alto y al avanzar su anillo brillaba. Saludó a Odinos y se colocó frente al aspirante.

—¡El primer combate será entre Verro, aspirante a Portador de la Legión de Plata, contra Pannus, Portador de la Legión de Plata! ¡Las reglas son sencillas! ¡Si el aspirante no se rinde, muere o termina noqueando durante los 15 segundos habrá ganado! ¡Sin más que decir! ¡PELEEN!

—¡Ahhhhh!

Verro no activó ningún enunciado de poder ni pensó en la manera de atacar o defenderse. Sólo aulló y se lanzó contra su oponente. Las sandalias de paja se le deshebraron al correr y los pantalones le colgaban por un lado de la cintura.

    Pannus lo tomó de la cabeza y lo aventó al techo. Este giró en el aire y el Portador se retiró de la pista antes de que cayera. Noqueado y sin sandalias  Verro acababa de perder en el segundo cero.

—¡Combate terminado! ¡Siguiente!

Los participantes enmudecieron. Cayeron en cuenta de la prueba a la que se enfrentaban. No tendrían piedad con ellos. Cada segundo deberían ganárselo. Verro fue retirado inconsciente por otro acceso donde le quitarían su anillo para siempre.

—Broma,  tras broma, tras broma, tras broma.

—¡Eli!  Agelein ya empezó con sus alucinaciones– dijo Sariel.

—Broma, tras broma, tras broma, tras broma.

—¡Surypa! Aznal está alucinando también – exclamó Hedera.

Los combates avanzaron. Odinos presentaba a los competidores, hacia girar el reloj y los quince segundos iniciaban. Gritos, lágrimas, reclamos, anillos removidos y sangre escurrieron por  la pista. Ninguno lograba convertirse en Portador.

—¡Combate terminado! ¡Siguiente!

Otro joven que perdía. Forcejaba y rogaba que le dieran una oportunidad, que había llegado muy lejos como para ser eliminado de esa manera. El siguiente enfrentamiento tardó más de lo normal ya que el competidor no se presentaba.

—Sariel, despierta, es tu turno – la movió Agelein.

—Eh, ah, eh, ¿me quedé dormida? Debe ser uno de mis microsueños habituales.

—¿Microsueños? –preguntó Eli.

—Duermo quince segundos para recuperar energías y luego estoy lista para lo que venga.

—Lo que viene es tu combate, niña. Y si no te apuras serás eliminada – se burló Aznal.

—¡Tú no me puedes decir niña! El único que tiene permiso es Nad, mi futuro esposo.

—¡Todos te escuchamos, Sariel! – exclamó Agelein.

Esta pelea atrajo la atención del coliseo. Los líderes de Legión eran consideradas las personas más fuertes del Imperio y si el hermano de alguno de ellos se presentaba al examen es porque contaba con la misma fuerza. Sariel caminó hacia la pista bostezando y tallándose los ojos.

— ¡Hermanaaaaaaa, tu puedessss! – gritó Persa

—¡Hermanaaaaa, me caes mallll! –respondió Sariel.

Los Portadores rieron al descubrir que eran idénticas. Incluso en que las dos siempre tenían sueño. El cabello verdoso lo habían obtenido por parte de su padre y se trataba de una característica muy particular en su familia.  Sariel dormitaba en la pista y Odinos esperaba a que reaccionara pero al ver que esto no sucedía presentó al oponente. 

—¡Que pase el Portador!

Arrastrando los pies y avergonzado ingresó la figura menos parecida a un Portador. El joven que apareció era sumamente penoso y se acomodaba el tabardo el cual le quedaba un poco flojo. Estiró la mano para saludar a Odinos por educación pero su brazo no se despegó de los costados.  Añadiendo a eso, utilizaba lentes.

—¡El siguiente combate será entre Sariel, aspirante a Portadora de la Legión Esmeralda, contra Orcus, Portador de la Legión Esmeralda! ¡Peleen!

Los granos de arena comenzaron a caer. Sariel se estaba quedando dormida y su oponente no se atrevía a tocarla. Ajustaba sus lentes, giraba los ojos, se mordía los labios y temeroso volteaba a donde se encontraba sentada Persa.

—No quiero hacerle daño, señorita, pero la líder me amenazó con cambiarle las almohadas durante un año si la dejaba ganar.

—¡Orcusssss! ¡Qué esperasssss! – gritó Persa desde el palco.

—Eh, ah, eh. Microsueño.

Sariel se durmió. Roncaba de pie y la baba le escurría por la boca. Orcus no tenía más opción que atacar, pero en ese estado un simple empujón la haría perder.

—¡Es tu momento, Orcusssss! ¡Atácalaaaa! – exclamó Persa.

—Disculpe, señorita, son ordenes de la líder. Por favor, cubra su rostro. ¡Orconont! ¡Piel de Ogro!

El Portador pronunció el enunciado de transformación. Su piel se tornó pantanosa, sus venas resaltaron y su cuerpo aumentó de volumen. El tabardo le quedó pequeño y los lentes se achicaron en el grosor de su rostro. Arqueó la espalda hacia enfrente triplicando su tamaño.

—¿Qué le está pasando? — preguntó Agelein.

—Su anillo debe pertenecer a la categoría de Seres Imaginarios – respondió Eli.

—¡Oh! ¡Nad me dijo que esa categoría tengo yo!

—Entonces observa con atención para que aprendas cómo es una transformación completa.

En la pista estaban Sariel durmiendo y un orco. La bestia corpulenta y verdosa jadeaba. Del escuálido Portador no quedó  nada más que sus lentes apenas sostenidos por la nariz alargada y porosa. El orco mostró los dientes amarillentos y habló.

—Disculpe, señorita.

El tonó rasposo y grave de la voz no concordaba con lo dicho por la criatura. Orcus presionado por su líder tuvo que atacar a la adormilada competidora. Levantó el puño dejando ver los largos vellos de sus axilas y fue por el rostro de Sariel, justo donde la baba le escurría.

    Los espectadores cerraron los ojos. Sólo Nad, Agelein y Eli quisieron saber qué sucedería.

—Ya veo – dijo Nad.

Sariel esquivó el golpe. La diminuta figura reaccionó antes de que el orco la alcanzara.  El puño se estrelló contra la plataforma partiendo el suelo y dejando un hueco en el lugar del impacto. 

—Señorita, ¿está despierta?          

Orcus volvió a arremeter contra la joven.  Los puños no podían tocarla y ella se movía como si estuviera despierta. Aparecía y desaparecía entre los ataques de su oponente. Además al ser tan diminuta lograba escurrirse sin dificultad. 

—¡Pelea enserio, Orcussss! – gritó desesperada Persa.

—Entendido. Disculpe, señorita.

Sariel pudo mantener el ritmo de las embestidas. Los ronquidos se escuchaban en el coliseo y los Portadores a la vez que reían disfrutaban del combate. Como una pulga la aspirante brincaba de un lado a otro babeando y soñando.

—¡Sariel, cuidado!

Agelein intentó advertirla. El portador no tardó en aprenderse los movimientos de la joven. Cada cierto tiempo su cuerpo se trasladaba siguiendo un patrón. Orcus calculó a dónde se desplazaría a continuación  y sabiendo que en su siguiente ataque la alcanzaría decidió disminuir la intensidad de su golpe con tal de no lastimarla mucho. 

—¡Te vas a arrepentir, Orcusssss!

—Disculpe, Líder. No puedo dañar a su hermana. 

—Agelein y ella…– se quedó pensativo Nad.

El puño de Orcus quedó suspendido a medio camino. Sariel acababa de detener el golpe con su mano y todavía dormida apretó los dedos del Portador exprimiéndolos. La diminuta extremidad de su cuerpo pudo contra el peso del monstruo . Sariel, sin estar consciente de lo que hacía intentó pronunciar uno de los cinco enunciados.

¡Sarie…!

—¡Tiempo!

Odinos intervino antes de que Sariel lograra pronunciar  el enunciado que tenía en mente. Los quince segundos terminaron y en cuanto se dio el grito esta despertó. Toda señal de su aparente fuerza desapareció y los dedos de Orcus adoloridos regresaron a su sitio.  Sariel acababa ganar.

—Eh, ah, eh, ¿Qué paso? ¿Y mi pelea?

—¡Participante, Sariel! ¡En nombre del Rey de Otaez y los cinco Líderes de Legión te felicito por ser la primera joven en aprobar el examen de Portadores! ¡Vuelve a tu lugar y espera a la ceremonia final!

Los aplausos abarrotaron el coliseo. Persa festejaba a su hermana quedándose dormida y Orcus ya en su forma original también la  felicitó. Pero llorando. Ya que tendría que cambiar las almohadas de su líder durante un año. Aunque en otra ocasión contaremos por qué sufrían tanto los subordinados de esta Legión al encargase de tal tarea.

—Bien hecho, Sariel – dijo Eli.

—Jo, jo, jo, gracias, era obvio que ganaría. Portadora Sariel para ti, Eli.

—Tienes un gran poder, Sariel ¿por qué no lo usaste  contra los Merló– apuntó Tora.

—Jo, jo, jo, ¿cuál poder?

—Como qué cual – dijo extrañada Hedera.

—Jo, jo, jo, no sé de qué hablan.

—Sariel, ammm, puedo preguntarte algo – dijo Agelein.

—Jo, jo, jo, claro

—¿Cuál es la palabra de tu anillo? Es que yo sentí que tu sortija y la mía…

—Jo, jo, jo, jo, ese es mi secreto. Por cierto, Nad, mi futuro esposo, ¿me habrá visto ganar?

—¡Sariel! – exclamó Agelein.

Así fue como la primera de 30 jóvenes logró convertirse en Portadora. Esto animó a los siguientes peleadores a seguir luchando por su sueño. El de unirse a las Legiones y conservar el anillo que los Dioses habían escogido especialmente para ellos.

—¡Siguiente combate! – anunció Odinos.

La Arena de Portadores recibe a su primera ganadora. Nad se pregunta el motivo de que el poder de Sariel y Agelein estén vinculados. Los Líderes de Legión aplauden el suceso y esperan al próximo competidor.  Eli, el heredero al trono se prepara para entrar a la pista.