BACIS 18. LA ARENA DE PORTADORES

La Arena de Portadores fue fundada hace más de cinco mil años junto al proyecto de las Legiones. El coliseo solía estar al aire libre y los ciudadanos disfrutaban de los combates realizados por los primeros Portadores. En la biblioteca de la ciudad pueden encontrarse registros de aquella época. Cuando los Anillos de Poder recién comenzaban a ser regulados y los Dioses ya habían desaparecido.

—¡Portadores! ¡De pie!

Agrupados según la Legión a la que pertenecieran y con los tabardos confeccionados en plata, oro, zafiro, esmeralda o rubí, los seres más fuertes del Reino de Otaez se levantaron y alzaron el puño.

    Los candidatos imitaron el saludo torpemente. No recibieron ninguna respuesta y la atención se concentraba en Nad.

—Lobo, mira, es el que te rompió la nariz.

—No me lo recuerdes.

—¿Es verdad que quiere unirse al Grupo Chatarra?

Nad escuchaba lo que se decían. Y es que los Portadores no eran muy buenos disimulando. Los aspirantes también notaron cómo el joven de capa negra se volvía el centro de atención.

    En el espacio designado para la Legión de Cobre sólo estaba la adolescente que atendió a Nad el día de las inscripciones. Sus compañeros habían sido asesinados seis meses antes y ella fue la única sobreviviente.

—Los Portadores te tienen miedo– dijo Eli.

—¿Miedo?

—Nadie entiende cómo llegaste hasta aquí sin la necesidad de un anillo y eso les aterra.

—Ya veo.

—¡Silencio!

Odinos detuvo el cuchicheo. Se recobró la calma y la última prueba iniciaría dentro de poco.

—¡Participantes! ¡Este lugar ha sido testigo de la iniciación de jóvenes como ustedes desde hace cinco mil años! ¡Aquí recibirán el traje distintivo de los Portadores! ¡El cual deberán usar con respeto y orgullo!¡Ser Portador no es un lujo! ¡Somos los guardianes del  reino! ¡Nuestra vida pertenece a los Dioses! ¡Y el Rey es la reencarnación de los Dioses en la Tierra!

La solemnidad del discurso enalteció a los presentes. No dejarían que sus anillos les fueran arrebatados, una prueba más y estarían en las mismas gradas. Vanagloriados con las sortijas, llegando a sus pueblos a festejar el triunfo.

—Nad, ¿el rey es la reencarnación de los Dioses?

— Pregúntale al príncipe.

—Eli, ¿lo que dijo Odinos es cierto?

—Mi padre es un hombre, Agelein. Al igual que tú y que yo.

—¡Y muy viejo! – gritó Aznal desde lejos.

—¡Aznal deja de entrometerte en las conversaciones de los demás! – lo regañó Hedera.

Nad ignoró el sermón de Odinos ya que algo llamó su atención. En el palco, donde las sillas de los líderes permanecían desocupadas cuatro fuerzas descomunales se acercaban.      

—¡Participantes! ¡Portadores! ¡Antes de iniciar con la última prueba recibamos a los Héroes de Guerra!

Todos en la Arena alzaron sus puños. Sería la primera vez que los aspirantes conocerían a los personajes más importantes del mundo. Quienes comandaban del grupo al que querían pertenecer. Cientos de historias se contaban acerca de su importancia en la guerra de hace diez años y su presencia podía compararse con la del rey.

—¡Tenían 23 años cuando fueron condecorados como líderes! ¡Juntos acabaron con el sufrimiento de la guerra y protegieron el legado de Otaez! ¡Y durante una década han guiado  a las Legiones! ¡Aplaudan!

Odinos estaba apasionado con su propio discurso. Los aspirantes rieron un poco debido a los ademanes que realizaba el  Portador. Cuatro figuras aparecieron en el palco, sus tabardos y anillos representaban el gremio que dirigían.

—¡Recibamos a Argen! ¡Líder de la Legión de Plata y el mejor jefe de todos!

Argen miró con cariño a su subordinado, el cual no pudo contener la emoción de presentarlo.  No estaba acostumbrado a que lo aludieran. Saludó a los presentes y tomó asiento.

—Es el mejor amigo de mi hermana – mencionó Sariel.

—¿Qué?! – exclamaron los participantes de alrededor.

—No sean chismosos, ustedes a lo suyo.

—¡Recibamos a Aurum! ¡Líder de la Legión de Oro!

La decepción pronto acechó a Agelein. Este no era el superior que imaginaba. Arrogante y engreído Aurum desdeñó a los candidatos frotándose la frente irritado. Miró  el anillo del líder  por segunda ocasión para estar seguro de que no se había equivocado.

—Tendrás que ser cuidadoso, Agelein.

—¿Por qué lo dices, Eli?

—Sólo sigue mi consejo.

—¡Recibamos a Chappir! ¡Líder de la Legión Zafiro!

Pulcro y educado Chappir hizo una reverencia hacia los participantes mostrándoles su respeto  por haber llegado tan lejos. Los trillizos Merló despreciaron esta actitud. Los nobles jamás deben agacharse ante los pueblerinos.

—Hay que cambiarnos a otra Legión, hermanos – pidió Merló 3.

—Apoyó la moción– respondió Merló 2

—Haremos algo al respecto, no se preocupen – dijo Merló 1.

—¡Recibamos a Persa! ¡Líder de la Legión Esmeralda!

El coliseo se llenó de chiflidos y aplausos. Persa, tras la muerte de Dríada se convirtió en la única mujer al mando de una Legión. Las encuestas secretas la clasificaban como la Portadora más atractiva. Los jóvenes se quedaron boquiabiertos ante su belleza. Solía tener sueño a cada momento al igual que Sariel.

—La odiosa de mi hermana.

—¿Se caen muy mal, Sariel? – preguntó Agelein.

—Pues no, así nos llevamos, ja, ja, ja, ja, ja.

—¡Y por último recibamos a Rub…! ¡Esperen! ¡¿Dónde está Ruber?!

Sólo se presentaron cuatro de los cinco líderes. La Legión Rubí rompió en carcajadas y Aurum mandó a que los callaran. Sin éxito los Portadores continuaron burlándose de la inasistencia de Ruber. Hecho que lo hizo enfurecer y les gritó desde el palco.

—¡Se supone que son una Legión! ¡Compórtense como tal! Idiotas.

—Aurum, no hagas una escena – dijo Argen.

—¡No me digas qué hacer!

—Tranquilicémonos – mencionó Chappir.

—Sólo porque lo dices pides tú,  pero no quiero que alguien inferior como Argen me dé órdenes.

—Esto será muy divertidoooooo – bostezó Persa.

La primera impresión dejó con muchas dudas a los  jóvenes. El poder que presenciaban en cada uno de los líderes no concordaba con su forma de ser. ¿Cómo sería entonces Ruber? Mejor no hacerse ilusiones.

—¡Participantes! ¡Ya que no podemos esperar más tiempo iniciaré con el permiso de los líderes a explicar la última prueba!

Aurum, Argen, Chappir y Persa asintieron.  Por fin habían llegado al momento más importante. La presencia de Ruber tendría que esperar, ya que acostumbraba a aparecer en el último momento.

—¡Participantes! ¡Un Portador no siempre puede ganar ocultando su poder, uniendo fuerzas o diseñando la mejor estrategia! ¡En ocasiones la única opción es pelear! ¡Y eso es lo que harán! ¡Pelear!

Desde el inicio del examen estaban esperando a enfrentarse. Tendrían la oportunidad de presumir la habilidad de sus anillos frente a los Portadores y los líderes. En la selva no demostraron todo de lo que eran capaces.

—¡Los enfrentamientos tendrán una duración de quince segundos y serán de manera individual! ¡Su objetivo consistirá en resistir esos quince segundos! ¡Quienes lo logren habrán aprobado el examen!

Los aspirantes se emocionaron. Durar sólo quince segundos no sería tan complicado, incluso el menos experimentando en combate podría lograrlo. Se imaginaron ya vestidos con los tabardos caminando en la plaza mientras la gente se arrodillaba al verlos.

—¡ Y sus oponentes serán los Portadores del Reino de Otaez!

La emoción desapareció. Agelein tomó del brazo a Nad para no desmayarse de la impresión y este lo empujó. Chocó con Eli quien lo aventó a Sariel y esta lo esquivó. Terminó en el piso hiperventilando. Muchos también sintieron el mareo, en definitiva no estaban listos para esa noticia.

—Broma tras broma –  Agelein alucinaba en el piso.

—No seas ridículo.

—Eso lo dices porque eres fuerte, Nad. Pero yo  no voy a durar ni dos segundos.

—Deja de ser tan duro contigo, Agelein.

—Gracias, Eli.

—Así es, ya sabemos que vas a perder. Ja, ja, ja, ja.

—¡Sariel!

Ya sólo quedaba saber el nombre de sus oponentes. Desconocían las habilidades de los Portadores y si pelearían enserio. El simple hecho de pararse frente a ellos requeriría de toda su concentración. Inclusive los nobles se vieron dudosos de este reto.

—¡Participantes! ¡Los combates se realizarán uno por uno! ¡Después de los quince segundos no hay más oportunidades! ¡Al finalizar los enfrentamientos los líderes de Legión harán entregan de los tabardos y darán un discurso dirigido a sus nuevos miembros! ¡Recuerden! ¡Si lo desean pueden solicitar unirse a otra Legión! ¡En ese caso el líder correspondiente tomará la decisión! ¡Pero no se los recomendamos! ¡Permanezcan  con aquellos con quienes comparten anillo! ¡Así ha sido desde hace cinco mil años! ¡Ahora develaremos el nombre de  sus contrincantes!  

Dos Portadores aparecieron detrás de Odinos. Venían desde otro acceso y transportaban una pizarra con dos llantas  en las esquinas. La cara posterior del tabloide daba  hacia los palcos por lo que los competidores no podían ver lo que estaba escrito. Llegaron hasta Odinos y se retiraron.

—¡Participantes! ¡Sus oponentes han sido escogidos en función de la Legión a la que quieren entrar y en casos especiales al puesto que aspiran! ¡La decisión es definitiva y pueden abandonar el examen en este momento si así lo desean!

—En casos especiales debe referirse a la vacante de líder para la Legión de Cobre, no pensé que alguien fuera a solicitarla – comentó Eli.

—Nad, ¿no es la legión a la que quieres unirte? – preguntó Agelein.

—Así es.

—¿Viste a alguien más en la lista de inscripciones?

—No.

—Qué raro.

—Agelein, no será que  mi novio Nad…- susurró Sariel.

—¡Nad no es tu novio!

—Estás celoso.

—Ya cállense.

Odinos se colocó en el borde del pizarrón y lo hizo girar lentamente. En esa pizarra estaba escrito el destino de los participantes. Sólo los líderes sabían los nombres de los contendientes. Lo habían discutido durante días, analizando las cualidades de cada aspirante y el nivel que esperaban de ellos. En la mayoría de los casos.

—Que me toque contra uno fácil, que me toque contra uno fácil, que me toque contra uno fácil, que me toque contra uno fácil.

—Nad, Agelein está delirando otra vez– dijo Sariel

— Déjalo.

La pizarra terminó de dar la vuelta. Los líderes esperaban una reacción así. Portadores y aspirantes no supieron qué decir. Curiosamente nadie ponía atención al rival  contra el que se enfrentarían. Sino que sus  miradas se dirigieron a los nombres que aparecían para el último combate.

—Debí imaginarlo – sonrió Eli.

—Estoy sorprendida y con sueño a la vez –  bostezó Sariel.

—¡Nad!– exclamó Agelein.

Escrito al final de la pizarra y con letras lo suficientemente grandes para que cualquiera pudiera verlas se leía:

Ruber

 Líder de la Legión Rubí

VS

Nad

Aspirante a Líder de la Legión de Cobre

El día de las inscripciones Nad supo que la única forma de acercarse al paradero de los Dioses era convirtiéndose en un Líder de Legión. Ahora deberá demostrar que tiene el poder suficiente para serlo y así emprender la verdadera búsqueda hacia Bacis. La Arena de Portadores espera impaciente el último combate.