BACIS 16. CAÍDA POR EL DESPEÑADERO

En el zócalo de la Boca del Gigante 30 jóvenes descansan tras  haber superado la segunda prueba del examen de Portadores. Es de noche y la emoción no los deja dormir.

—¡Participantes! ¡Felicidades a todos! ¡Mañana temprano iniciaremos con la tercera prueba! ¡Antes de eso los cinco líderes de Legión han decidido que los dejemos descansar aquí esta noche!  ¡Disfruten lo que preparamos para ustedes!

De los puentes que quedaban aparecieron dos caravanas. Cocineros y ayudantes traían cargando casas de campaña, leña, cacerolas, cubiertos, vasos, platos, especias, carne, frutas, verduras y barriles de agua. Odinos los recibió en la explanada. 

—¡Participantes! ¡Este es el último banquete!

Despabilados y hambrientos los aspirantes olvidaron que era de madrugada. Esparcieron las casas de campaña y armaron diferentes hogueras para cada grupo. Allí platicaron, saboreando la comida que se preparaba en las ollas o bebiendo agua directo de los barriles.

    Los Portadores se quitaron sus anillos y tabardos para disimular. Al mismo tiempo que servían los platillos o terminaban de asar la carne examinaban a los competidores restantes. Ponían principal atención en Nad. En ese momento platicaba con Eli alejados del bullicio.

—Supongo aquí se termina.

—Sí.  

— La próxima vez hay que enfrentarnos, Nad.

—Así será.

Eli no tenía a dónde ir. Dejó solo a su excompañero  y vagó por el zócalo.  Al ser el Príncipe de Otaez todos querían sentarse a su lado por conveniencia. Los nobles le hacían señas para que se acercara, las jóvenes se sonrojaban al verlo pasar y los Portadores vigilaban que nadie quisiera atacarlo.

—¡Entonces a Agelein le salieron alas y curó las heridas de Tora!

—¡Pues yo desperté y me di cuenta que estaba siendo cargado por el Príncipe de Otaez! ¡Que déjame decirte, Hedera, ya somos grandes amigos!

—¡Surypa! ¡Dile a Aznal que deje molestarme!

—Cálmense los dos. Agelein, gracias por ayudar a mis compañeros.  Nos conocimos hace apenas unos días y te atreviste a arriesgar tu vida.

—Antes de conocer a Nad no lo habría hecho.

—¡Surypa! ¡Aznal dice que el príncipe nunca se fijaría en mí!

El nuevo grupo de amigos se encontraba alrededor de una de las hogueras. Sariel roncaba dentro de la casa de campaña, Tora pataleaba las sabanas al dormir, Aznal y Hedera competían para saber quién podía comer más y Surypa intentaba detenerlos.  Agelein se atragantó con la pierna de pavo al ver llegar a Eli.

—¿Puedo sentarme con ustedes?

Los nobles intentaron ignorar el desprecio de Eli. Que el Príncipe de Otaez decidiera compartir su presencia con los pueblerinos rebajaba el estatus de la realeza. Hoba no hizo caso y continuó cenando junto a sus compañeros.

    Hedera enrojeció y escondida en la casa de campaña vigiló al príncipe.  Aznal volteó con Surypa preocupado por su reacción.

—Toma asiento – dijo cortante Surypa.

La cena se tornó incomoda. Sólo se escuchaba el sonido de la comida siendo masticada y el golpeteo de los cubiertos en el plato. Eli intimidaba con su manera de beber agua, tomar el tenedor y limpiarse las comisuras. Cualquier comentario podría arruinar más la situación.

—Creo que es mejor que me vaya.

—Espere. ¿Usted fue el compañero de Nad? Majestad.

­—Sólo dime Eli. Mucho gusto. La única persona a la que se le dice Majestad es al Rey de Otaez. Y respondiendo a tu pregunta, sí, hice equipo con Nad.

—¡Príncipe Supremo! ¡Deje le presento a Agelein! ¡El mejor amigo del Señor Oscuro!

—Tú eres el famoso Agelein.

—¿Famoso? Para nada, Príncipe Eli. . Y tampoco soy amigo de ningún señor oscuro.

—Sólo Eli. Recuerda sólo decirme Eli. Aznal habló mucho de tu relación con Nad. ¿Son amigos?

—No sabría decirle, Señor Eli.

—Sólo Eli, por favor.

—Príncipe Supremo, deje le presentó por este lado a su más fiel seguidora, es medio penosa pero con el tiempo entra en confianza. ¡Hedera, ven!

Comenzaron a llevarse mejor. Aznal arrastraba a Hedera de la casa de campaña, Surypa lo regañaba, Agelein mordía dos piernas de pavo a la vez y Eli sólo disfrutaba del momento. No era nada parecido a sus cenas solitarias en el palacio o a las grandes fiestas con las familias reales.

—Ya vuelvo, no me tardo – dijo Agelein.

Excluido de las risas y el calor de las hogueras Nad estaba sentado en los escombros de uno de los puentes destruidos. La prueba lo dejó pensativo. ¿Por qué ayudaba a la gente? ¿Qué lo hacía arriesgarse por otros?  El crujido de las piedras lo alertó y se puso de pie para saber quién se acercaba.

—Nad, ¿cómo estás?

Agelein cargaba  manzanas, cantimploras y piernas de pavo. No quería incomodarlo pero lo consideraba su amigo y le alegraba que los dos hubieran pasado la prueba. Todavía quería saber qué había sucedido en el primer reto para que cambiara de actitud.

—Pronunciaste el enunciado de invocación, Agel.

—¿Cómo lo sabes? – preguntó sonrojado.

—Sólo lo sé.

—Gracias, Nad, sin el entrenamiento no hubiera podido hacerlo.

— El que lo hizo fuiste tú, no el entrenamiento.

—Te traje algo de la hoguera para que comas.

—Agel.

—Dime, Nad.

—¿Crees que soy buena persona?

El pecho se le estrujó, las lágrimas le cubrieron los ojos y casi deja caer la comida al suelo. Agelein no podía creer lo que Nad acababa de preguntarle, por un momento, por ese breve momento puso sentir la soledad y el sufrimiento de su amigo.

—¡Claro que sí! ¡Me ayudaste a recuperar mi anillo! ¡Me enseñaste el enunciado de invocación! ¡Y salvaste a Surypa y Aznal sin conocerlos!  

—Ya veo.  

—¿Por qué no vienes conmigo? El Príncipe Eli también está allá y puedo presentarte a Sariel, Hedera y Tora.

—Tal vez otro día.

Agelein  dejó de insistir y se fue. Nad juró que evitaría a toda costa relacionase con otros, que su único objetivo sería conseguir la fuerza suficiente para enfrentarse a Lura y llegar a  Bacis. Sin embargo, desde su encuentro con Lían y Agelein, otros sentimientos lo agobiaban.

— ¡Agelein! ¡Cuidado con Merló!

Sariel acababa de despertar y descubrió que había pasado la segunda prueba estando dormida. Los participantes se estaban levantando, las hogueras humeaban y la comida sabía mejor que la noche anterior. Odinos reapareció en el borde del zócalo. 

—¡Participantes! ¡Acérquense!

Los 30 jóvenes dejaron de pensar en la emoción de haber superado la selva. Apenas estaban a la mitad del camino. Si fallaban lo que seguía habrían echado a perder lo que tanto trabajo les costó. Serios y tranquilos fueron con el Portador a recibir instrucciones.

—¡Los resultados son los siguientes! ¡Usuarios de plata que aprobaron 6! ¡Usuarios de oro 6! ¡Usuarios de Zafiro 6! ¡Usuarios de Esmeralda 6! ¡Usuarios de Rubí 5! ¡Usuarios sin anillo 1!

Sorpresivamente la mitad de los usuarios rubí  habían perdido. Y el que no utilizaba anillo seguía presente en el examen. Al parecer la clase de sortija que portaras no aseguraba aprobar  el examen. Los perdedores otorgarían sus sortijas al reino de Otaez.

—¡Participantes! ¡Para las siguientes dos pruebas irán de nuevo por su cuenta! ¡Cualquier alianza que formen será bajo su propio riesgo!¡¿Entendido?!

Los equipos se iban deshaciendo. Compartieron tres días y habían sido suficientes para formar amistades con otros concursantes. Agelein y Sariel se despidieron de Surypa, Hedera, Aznal y Tora. Eli sólo alzo la cabeza en dirección a Nad y este le regresó el saludo de la misma manera.

—Nosotros también tenemos que despedirnos, Sariel – mencionó Agelein cabizbajo.

—Claro que no.

—¿Segura?

—¿Si no somos equipo quién me va a cargar cuando me duerma?

—¡¿QUÉ?!

Los trillizos Merló festejaron que otra vez podrían estar juntos. Hoba, Ursus y Unda los dejaron formando su propio equipo. Ir solo aseguraba que nadie te traicionaría pero el riesgo de perder aumentaba. En algún momento tendrían que separarse pero por ahora preferían ir acompañados.

—Señor Eli, si gusta puede venir con nosotros.

—Muy amable, Agelein. Me temo que tendré que rechazar tu oferta. Y sólo soy Eli.

—Eli, no te hagas y ven con nosotros. Ándaleeeee.  

—Hoy no, Sariel – dijo Eli apartándose.

—¿Sariel, lo conoces?

—¡Nos vemos seguido en las fiestas reales junto a la odiosa de mi hermana! Aunque sólo lo saludo de lejos, como es el príncipe nadie quiere tocarlo para que no se arrugue.

Eli sabía que Nad no formaría ninguna alianza. Y al igual que cuando lo siguió por el pasillo imitaría sus pasos con la única intención de entenderlo mejor. En su momento no se atrevió pero quería conocer más del poder que emitió la primera noche en la selva. Un poder capaz de domar a los animales y hacer vibrar las sortijas.

— ¡Atención!

Las corrientes de aire que surgían del risco pasaron por las espaldas de Odinos. Abajo lo único que esperaba era la oscuridad del abismo. Si la selva era la boca del gigante entonces el precipicio era la garganta.

—¡Al fondo de este despeñadero existen más de mil túneles subterráneos! ¡Unos tienen fin y otros no! ¡Sólo 100 llevan al sitio donde será la última prueba! ¡Todos pueden aprobar esta parte del examen¡ ¡Siempre y cuando elijan la salida correcta!

El vértigo, las náuseas, el mareo. Aventarse y que los túneles no fueran lo suficiente anchos o que hubiera piedras afiladas. Además la sensación de la caída por horas y el cuerpo luchando contra el viento. Los participantes ya no estuvieron tan seguros de querer seguir en el examen.

— ¡Un Portador no siempre sabe qué es lo que se avecina ni si podrá salir vivo de un combate! ¡Arriesgarse es parte vital de su trabajo! ¡Si no están listos para eso entonces dejen ahora mismo sus anillos!

Nadie les aseguraba que en verdad iban a encontrar el lugar de la última prueba. Pelear en la selva y correr con banderas sonaba a un juego de niños a comparación de lo que les pedían.  El que se atreviera a dar el primer paso es porque no temía por su vida.

—Permiso.

—Disculpen que los moleste, voy a pasar.

Nad y Eli caminaron a la par en dirección al despeñadero. Los demás participantes dudaban que realmente fueran a lanzarse sin ninguna duda o miedo. Odinos no les dijo nada más, sabía que era innecesario explicarles a ellos, ya que al final no le harían caso.

—¡Quiero ser igual que mi amigo el Príncipe Supremo y poquito como el Señor Oscuro!

—¡El Príncipe no es tu amigo, Aznal!

—¡No seas envidiosa, Hedera!

—Tengo que alcanzarte, Nad. ¡Sariel, vamos también!

—¿Desde cuándo tan confiado, Agelein?

Atrás de Nad y Eli venían Agelein, Sariel y los competidores restantes. El joven sin anillo y el Príncipe de Otaez les acababan de regresar el ánimo. 30 jóvenes se pararon al borde del zócalo. El Centro de Inscripciones seguía siendo un misterio y no entendía cómo es que caer al fondo de la selva los llevaría a otro lugar.

—¡Participantes! ¡Nos vemos en la última prueba!

Nad y Eli fueron los primeros en lanzarse. Acomodaron sus cuerpos en vertical para romper la fuerza del viento y lucharon para que las corrientes no los arrastraran. Ya iban más participantes siguiéndolos.

—¿Qué pasó con la confianza, Agelein?

—Am, está muy alto.

—¡Vámonosssss!

—¡Ahhhh!

Sariel aventó a Agelein y fue tras de él. Iba dando vueltas por el aire, con el cabello desaliñado y gritando de felicidad. A contrario de su compañero que gritaba de miedo y no quería abrir los ojos.  El zócalo quedó vacío y la segunda prueba pasó a ser un recuerdo para todos.

La tercera fase del examen de Portadores inicia. ¿Cuánto tardarán en llegar al fondo? ¿Qué habrá después de los túneles? ¿Nad y Eli volverán a reunirse? ¿Agelein abrirá los ojos? La vida sigue afuera del Centro de Inscripciones mientras 30 jóvenes luchan por unirse a las Legiones de Otaez.