BACIS 14. LOS RESULTADOS DEL ENTRENAMIENTO Y LA LLUVIA DEL METEORO

Es la mañana del segundo día en la Boca del Gigante.  Ningún equipo ha logrado llegar al zócalo y  las quince astas esperan. En el lado Oeste un manto dorado cubre la selva y en el Este se aproximan meteoros.

— Tu palabra pertenece al grupo de los seres imaginarios.

—¿Cómo?

—Los Dioses descubrieron al crearnos que tendemos a inventar historias para explicar el origen de nuestra existencia y con ello imaginamos seres que jamás han existido.

—¿Este es uno de ellos?

—Sí, aunque…

—¿Aunque qué, Nad?

—Se dice que los ángeles son los soldados de los Dioses.

Agelein resplandeció. La luz que salió de su cuerpo dejó enceguecidos a quienes se encontraban a su alrededor. El halo dorado venía de su anillo y un río de electricidad iba conectando cada poro. Liberando una fuerza que había permanecido oculta.

¿Qué le pasa a Agelein, Tora? – preguntó Hedera tallándose los ojos.

Es su palabra, está despertando.

El Anillo de Poder palpitó. ¡Tumb! ¡Tumb! ¡Tumb! Tumb! Hebras de energía  radiantes salieron de la argolla y se enredaron en las extremidades hasta cubrirlo por completo.

Sólo es un pueblerino–  Merló 1 no podía creerlo.

En los dorsales se acumuló la energía en forma de hilillos. Las fibras relumbradas se fueron tejiendo poco a poco sobre la espalda del usuario.  Finas y delicadas las hilachas moldearon la característica  más preciada y envidiada  de los ángeles. Sus alas.

¡Qué bello es, Tora!

Nunca me imaginé que fuera poseedor de una palabra con ese nivel.

Agelein dio un paso enfrente y al hacerlo el revestimiento dorado se desvaneció en partículas. El halo adquirió la apariencia de dos alas que se extendieron atravesando las hojas de los árboles. Aletearon serenas, provocando un viento cálido e intenso.

Mis heridas están sanando – notó Tora.

El aura de Agelein poseía habilidades curativas.  Merlo 2 tendría que agradecerle después porque también resultó beneficiado de este poder, desinflamando el golpe que le propició Sariel.

Merló – habló Agelein.

Profunda y estridente su voz sonó a la de un adulto. Un escalofrío le achicaron la lengua y los colmillos al trillizo. Lo mismo sucedió para Ursus y Unda que no tuvieron el valor de atacar.

Quédate donde estás y no nos sigas.

Tomó a Sariel y la colocó en su espalda. Dormida lo rodeó con los brazos y roncó. Tora y Hedera lo acompañaron. Las alas siguieron a su dueño sin moverse del lugar. Las plumas de energía acariciaron las ramas, los nidos y el camino de las hormigas por los troncos.

El poder del pueblerino petrificó a los nobles. Ninguno quiso voltear a verlo mientras pasaba a un lado. Merló 1 tuvo que quedarse ahí esperando a que se alejara para después estallar en cólera.

  Agelein y los otro desaparecieron entre  los arbustos y sólo las alas lograban distinguirse. Hasta que  se volvieron un punto diminuto en la selva y no quedó nada de ellas. El enunciado de invocación terminó.

Lo lograste, Agel.

El aura de su amigo llegó hasta los sentidos de Nad. Aunque ahora concentraba su atención en Hoba. Desconocía qué clase de palabra tendría su anillo.

    A media cuclilla y con los brazos a los costados el noble activó su sortija. Espirales de energía rojiza, azulada y magenta giraron sin control alrededor de sus puños. El torbellino se extendió por el antebrazo liberando chispas anaranjadas.

Ya veo.

Hoba se convirtió en la silueta de un meteoro a punto de caer. Los puños eran la roca encendida  y los brazos la cola del cuerpo celeste listo para impactar. Tendría que tener más cuidado con él si volvían a encontrarse. Ya que aquella palabra era un peligro.

    Una ráfaga de meteoros avasalló a Nad. Cada que esquivaba uno de los golpes estos se estrellaban a toda velocidad en las palmeras dejando un cráter a su paso. Incontables meteoritos de aura intentaban tocarlo. El hermanastro de Eli meneaba los brazos de atrás hacia adelante descargando el potencial de su anillo.

    Ninguno de los puños logró atinar al objetivo. Nad eludió los ataques y se deslizó a través de ellos. Sólo necesitó un parpadeo, una gota de sudor, una pizca de duda en Hoba para encontrar el hueco que necesitaba. Plantó la pierna derecha en la superficie y con la rodilla contraria apuntó a la boca del estómago.

—¡Meteint! ¡Protección férrea!

Al pronunciar el enunciado de defensa su estómago se cubrió en hierro y recibió el rodillazo. A pesar de tener  la dureza del metal como coraza el ataque lo hirió.

¡Arg!

El noble escupió sangre. Su mechón rubio volvió a cubrirle la frente y el estómago regresó a su forma original. En esta ocasión no salió por los aires gracias a la dureza del hierro que lo sostuvo en la tierra.

¡Hoba!

Eli aprovechó la oportunidad. Su hermanastro acababa de ser herido y Merló 3 gritaba desesperado. Dejó resguardados a Surypa y Aznal, midió el terreno y ágil se desplazó hasta el menor de los trillizos.

Vengo por la bandera, Merló.

Nunca me has caído bien, los nobles sólo estamos cerca de ti porque eres el futuro rey.

Merló 3 traía guardadas en su cintura las tres banderas y los mapas. Los trillizos no eran tan tontos como parecían.El poder de sus anillos se consideraba de los más altos entre los hijos de la nobleza.

—¡Cascent! ¡Extremidades viperinas!

Los brazos del noble cambiaron de color. Escamas cafés y manchas verdosas le brotaron desde la punta de los dedos hasta la mitad de los hombros. Igual que su hermano, el enunciado de ataque no lo convertía totalmente en una serpiente, sólo le prestaba lo más cercano al animal. En este caso una serpiente de cascabel.

Estiró ambos brazos en zigzag hacia Eli. Este no necesitó activar la sortija para derrotarlo. Tomó uno de los brazos y lo jaló hacia sí. Merló 3 recibió el puñetazo en los colmillos. Adolorido se distrajo y cuando se dio cuenta ya le habían arrebatado dos de las banderas.

—¡Metent! ¡Ráfaga de meteoros!

Hoba lo intentó otra vez. Los meteoritos destruían todo a su pasó en vano.  Nad despegó su rodilla y colocó la palma de la mano en la tierra. Giró la muñeca y con el impulso se alzó por encima de su oponente. Las chispas y el calor de los meteoros rozaron su capa. Quedó detrás del noble y con el empeine arremetió al costado de la cabeza.

—¡Metint! ¡Protección férrea!

Hoba se cubrió con el antebrazo izquierdo envuelto en hierro. Logró evitar que la patada le diera en el cráneo, sin embargo el empeine logró fisurar una parte del hueso con el que se protegió. La coraza de hierro no fue suficiente y el impacto lo sacó volando directo a las rocas.

—¡Cascent! ¡Extensión viperina!

Angustiando por ver cómo perdían, Merló 3 estiró sus brazos en horizontal para que su compañero no chocara contra las piedras. Sirvió como un resorte para amortiguar el ataque. Hoba enfurecido se hizo a un lado. La sangre del primer golpe le escurría por las comisuras y los cabellos rubios estaban alborotados.

Los nobles sangran del mismo color que los pobres – dijo Nad.

El abdomen amoratado, el brazo izquierdo caído, el cabello desordenado, la sangre cayendo por la barbilla. En su mente el noble no concebía que alguien sin anillo acababa de vencerlo. Irritado volteó hacia su hermanastro y activó la sortija una vez más.

—¡Hoba, no lo hagas! Nad, es mejor que yo lo detenga  antes de que cometa una tontería.

No. Quiero ver.

Eli se sorprendió al escuchar la respuesta. Aunque en el rostro de Nad no había señal de ira o felicidad, supo que su compañero lo estaba disfrutando. Por dentro sonreía al haberse topado con alguien que lo retara.

¡Majestad! ¡No me expulse del reino por esto! ¡Somos hermanos! ¡¿No?! ¡METENT TOTAL! ¡Lluvia de meteoros!

Hoba lanzó el ataque más fuerte que tenía en ese momento. El cielo se tapizó de luces rojizas. Todos los participantes vieron desde sus escondites pequeños destellos acercándose  a la selva. En plena mañana cientos de estrellas abarcaron la Boca del Gigante.

    Cayó uno. ¡Boom! Cayeron dos. ¡Boom! ¡Boom! Y así cayó la lluvia de meteoritos. Arrasando con la flora, la fauna y los participantes que se dejaran. Antes de impactar se escuchaba un silbido seguido de una explosión. El fuego consumió  hectáreas y los animales buscaron refugio.

El meteoro. Tu hermanastro posee una palabra peligrosa, Eli.

Vayámonos, Nad.

Claro.

La batalla estaba ganada. Nad tomó a Surypa y Eli a Aznal, escaparon de los meteoritos dejando solos a Hoba y Merló 3. El hermanastro permaneció en su lugar, devastado y sin energías, pero con un espectáculo en los cielos.

¿Izquierda o derecha?– preguntó Nad en medio de la lluvia.

No sé, tú decide – propuso Eli.

Mmmmmm, yo tampoco sé.

La lluvia de meteoros duró hasta la media tarde del segundo día en la prueba de la selva. Por más de diez horas las esferas de hierro encendidas quemaron árboles, pulverizaron peñascos, separaron familias de monos e hirvieron el agua de las cascadas.

    Dos de los cuatro puentes colgantes del zócalo desaparecieron a causa de ello.  El empedrado y las torres no pudieron contra los proyectiles y cayeron al risco. Sólo quedaron dos caminos, uno en cada extremo. Afortunadamente ninguna de las 15 astas sufrió daño.

    Por la noche cesó el ataque. Los participantes decidieron mejor descansar, ya que era imposible moverse de madrugada. Sólo el equipo de Nad y Eli viajaba a esa hora. Surypa y Aznal seguían sin despertar, la mordida de Merló 3 desapareció.

¿Cómo lo hiciste?

Le sople.

El veneno de los Merló sólo puede ser curado por ellos.

No crea todo lo que le dicen, Majestad.

No me digas majestad.

¿Entonces?

Eli. Eli es suficiente.

Ya veo.

Surypa, Surypa. ¡Couf! ¡Couf!

Aznal iba despertando. Eli lo traía cargando sobre sus trapecios ya que no pesaba mucho.

Tranquilo, joven. Tu compañera se encuentra a salvo.

Aznal levantó la cabeza para saber quién le hablaba. Se topó con el rostro de un muchacho alumbrado por la luna, de nariz respingada y labios delineados. La coleta y los cabellos  plateados se meneaban a la perfección.

¡Por los Dioses! ¡Eres el Príncipe!

¿Te encuentras bien?

¡Sí! ¡Es que Hedera no me va a creer cuando le diga que fui cargado por el príncipe de Otaez ! ¡Llorará de la envidia! ¡Majestad seamos mejores amigos para que cuando nos vea chille! ¡¿ Acepta?!

Nad, necesito ayuda. Creo que este joven perdió la razón.

Estoy ocupado.

¿ Haciendo qué?

Buscando el camino. Nos perdimos. De nuevo.

La lluvia de meteoros redujo el terreno.15 astas siguen a la espera de los  participantes que aprobarán la segunda prueba. Ya sólo hay dos posibles caminos para llegar al zócalo. ¿Quiénes lo lograrán? El desenlace de la segunda fase del examen de Portadores está cerca.