BACIS 13. LA HORA DEL CHOQUE

Los participantes se encuentran desperdigados por la selva mejor conocida como la Boca del Gigante. El equipo 25 tiene la oportunidad de recuperar su bandera y al otro extremo un sólo competidor deberá enfrentarse a la nobleza. Este es el examen de Portadores.

Hoba, no quiero pelear contigo.

En ese caso tendré que quedarme con su bandera, Majestad.

El príncipe miró fijamente a su hermanastro y al equipo que había vencido. Resistiendo, Surypa intentaba mantenerse consciente. Ni Hoba o Merló 3 tenían heridas.

La joven está derrotada y su compañero necesita el antídoto al veneno de los Merló. Déjalos ir.

Majestad, ¿algún día dejará de preocuparse por los pobres?

Nad continuó quitándole el lodo a su capa. Sacudió  las botas y removió los trozos de barro adheridos en el parche. En resumen, no le prestaba atención a la charla entre Eli y su medio hermano.

¿Te refieres a las personas que mantienen el reino? ¿A quienes nuestro padre les debe su riqueza.?

Nunca lo he visto quejarse de los lujos, Majestad.

¡Recuerda que tu pelea es conmigo!

Surypa interrumpió a Hoba. La vista se le nublaba y apenas distinguía la figura del enemigo. Jadeante trató de activar la sortija. Ya no le quedaban fuerzas.

Esto se decidió desde el momento en que nos encontramos. No lo tomes personal, niña, aunque creo haberte visto en otra parte ¿De qué pueblo vienes? 

—-¡Papent! ¡Origami cortante!

La joven exprimió la última gota de energía que le restaba y pronunció el enunciado de ataque. De sus uñas salieron disparadas cuchillas de papel que perdieron potencia y terminaron en los pies de Hoba. Merló 3 enseñó su lengua viperina en señal de burla.

Ya te recuerdo, escapaste en la cacería pasada. Tu familia no tuvo la misma suerte.

Hoba. ¿De qué hablas?

Como sabrá, Majestad, los pueblos de Otaez no se encuentran en sus mejores condiciones. Miles mueren de hambre y el trabajo escasea. Por lo que la nobleza expía los más empobrecidos, salvándoos del hambre y el frío.  Salimos cada verano  a purificar en nombre del único reino. Así ha sido durante los últimos diez años, por supuesto usted no estaba enterado, ya que sus deberes requieren que se concentre en la posesión del trono.

¿Es verdad lo que dices, Hoba? ¿Mi padre ha ordenado que asesinen al pueblo?

Será mejor que usted mismo le pregunte.Quiero terminar lo que empecé.

Hoba desenvainó una daga que traía escondida en la manga. Eli conmocionado por lo que acababa de escuchar no pudo actuar con claridad. Una idea que albergaba desde pequeño volvió a invadirlo. El rey tuvo que haber perdido  la guerra de hace diez años.

    El noble atacó a Surypa. Su velocidad igualaba a la del príncipe y  no tuvo oportunidad de anticipar sus movimientos. La realeza estaba por encima del pueblo y jamás podría ser combatida. Eso pensó Surypa esperando a que el filo de la daga le rebanara el cuello.  

¿A dónde vas?

Merló 3 y el príncipe Eli tardaron en reaccionar. Nad, quien hace unos minutos se encontraba a lo lejos limpiándose el lodo apareció. Hoba alcanzó a frenar y Surypa reconoció la capa negra. Ninguno de los cuatro imaginó que la velocidad de alguien sin anillo los superara.

¡¿Cómo hizo eso?! ¡Hoba, ten cuidado! – gritó Merló 3.

¿Qué eres, Nad? – se preguntó el príncipe.

Surypa no pudo sostenerse más y cayó desmayada. Hoba no captó nada extraordinario en el joven y  aun así  había logrado alcanzarlo desde tan lejos. Quiso retroceder para pensar mejor y al hacerlo tuvo encima otra vez la figura del que no poseía anillo.

Te pregunté que a dónde vas.

Hoba se cubrió el rostro con los brazos y recibió el puño de Nad. La fuerza del golpe lo elevó y salió expedido hacia los árboles. Merló 3 contempló boquiabierto  cómo su compañero se impactaba de espaldas en los troncos.

Creía que los nobles eran intocables. Al parecer no – dijo Nad.

Eli recordó lo fácil que era enfurecer a su  su hermanastro. Un mechón rubio le cubría la frente y los ojos azulados llameaban de enojo. En cualquier momento explotaría.

Nad, deja que yo me encargue.

Saca de aquí a esos dos – Nad apuntó a Surypa y Aznal.

Tú no puedes controlarlo, yo sí.

Eli. ¿Alguna vez has salido  del palacio a ver cómo vive la gente?  ¿Sabes lo que comen? ¿Sabes de qué hablan? ¿Sabes qué beben? ¿Sabes lo que sufren por no poder alimentar a sus hijos? Si quieres defender a esta gente,  la que dices que mantiene la riqueza de tu padre, deja el título de príncipe.

Nad lo llamó por su nombre. No hubo príncipe ni majestad, sólo Eli. La verdad sobre el asesinato de la familia de Surypa y la cacería por parte de Hoba en los pueblos afectaron también a su compañero. Tenía razón, de nada le servía deshacerse de los nobles en el examen de Portadores si él aún se hacía llamar príncipe ¿Pero estaba dispuesto a renunciar a su título?

Ten cuidado – Eli accedió y se llevó a Surypa y Aznal.

Claro.

Hoba arremangó sus mangas con delicadeza, desabotonó el cuello de la camisa, aflojó el cinto del pantalón y recogió detrás de su oreja los mechones rubios. Tomó las tres banderas y los tres mapas que guardaba y se los entregó a Merló 3.

Eres una persona interesante, Nad. No usas anillo, hablas poco, te toca ser equipo de mi hermanastro y golpeas a un noble. ¿Puedo saber cuál es tu motivación? ¿Qué te impulsa a estar aquí?  

Busco un lugar.

¿Un lugar?

Así es.

¿Puedo saber el nombre del lugar que buscas?

Bajo una condición.

¿Cuál?

Que puedas golpearme.

La exaltación de Hoba aumentó. No soportaba que Nad le hablara de esa forma. Ahí parado, sin estar en guardia y con la capucha a medio rostro, parecía no tomarse enserio a su oponente.

¡Eli! ¡Ni se te ocurra meterte en esto! – bramó Hoba.

Ajustó su anillo y en tres movimientos llegó hasta Nad. La sortija rubí resplandeció al igual que los ojos del  usuario. Separó las piernas y adoptó la posición de media cuclilla. Con los brazos a los costados y los puños hacia arriba pronunció el segundo de los cinco enunciados.

—¡Metent! ¡Descarga de meteoros!

Agelein era una presa fácil, siempre lo había sido. Merló 1 disfrutaba hacerlo sorber agua sucia de las cubetas con las que limpiaban los establos o llenarle de chinches la ropa. El diminuto e inservible pueblerino nunca se defendía.

¿Dónde dejaste a tu guardaespaldas?

Nad no es mi guardaespaldas, puedo defenderme yo solo.

¿Sí? Ursus, Unda, hay que recordarle a este pueblerino cómo comportarse frente a los nobles.

La pareja se cruzó de brazos. Agelein tomó la postura de defensa que le enseñó Nad. Era primordial proteger los órganos vitales y evitar un golpe en la cabeza. A sus espaldas Sariel dormía.

Lo lamento, Merló, pero estás solo en esto. Dejando fuera tu habilidad de rastreo y el acuerdo que hicimos con Hoba no tenemos intención de entrometernos en asuntos personales – aclaró Unda.

Ella y Hoba mandan, Merló. Yo sólo sigo ordenes – agregó Ursus inclinando los hombros.

Le enseñaré yo solo entonces a este pueblerino el poder de la nobleza.

Merló 1 sacó la lengua bífida y al abrir la boca aparecieron dos colmillos en la parte superior. Blancos, afilados y curveados goteaban veneno desde las puntas. Una mordida bastaba para que la víctima perdiera la movilidad de las extremidades y el sistema nervioso entrara en shock.

Los Dioses prefirieron a los nobles y por eso nos dieron los mejores anillos    el trillizo  mostró su anillo de zafiro. – La palabra que me fue otorgada pertenece a la categoría de la fauna, siendo más específico al de las serpientes. Hoy voy a complacerte enseñándotela. ¿Quieres conocerla? 

Agelein no lograba activar la sortija. Después que le declaró la pelea a Merló llevaba intentando que el anillo de oro diera señales de su poder. A nada de que el noble lo atacara seguía sin conseguirlo. Da lo mejor de ti. Le dijo Nad antes de entrar al examen.

Estoy listo.

¡Ja, ja, ja, ja! Eso quería escuchar, pueblerino. ¡Mambent!¡Desprendimiento serpentino!

El cuello, las mejillas y la nariz se tornaron escamosas y negras. Igual que una mamba negra. Merló 1enseñó los colmillos y con la nueva elasticidad que había obtenido separó el cuello de sus hombros y atacó.  Agelein y Tora vieron cómo la cabeza del noble se acercaba expandiéndose a su antojo. El resto del cuerpo quedó en su sitio.

¡No te distraigas, pueblerino! – siseó la mamba.

La mordida casi lo agujera. Agelein alcanzó a evadir los colmillos agachándose y corrió hacia el cuerpo inmóvil de Merló,  justo a un lado del pescuezo. El noble giró  y fue detrás.  En lugar de clavarle los colmillos le dio un cabezazo en el coxis que lo llevó al suelo.

¿Ya te rendiste, pueblerino?

Merló 1 lamió la mejilla de Agelein dejando caer gotas de veneno. El dolor en la espalda era insoportable. Lo único que pudo hacer fue acumular un monto de tierra en las manos y lanzársela hacia los ojos. En lo que su oponente se recuperaba del polvo rodó al lado contrario para alejarse.

    La mamba volvió a encontrarlo. Esta vez lo golpeó  en la boca del estómago. No importaba cuánto rodara, el cuello del noble lo alcanzaría. Con la espalda baja punzando y el nuevo golpe, Agelein consiguió pararse. Tomó en vano la postura de defensa y esperó a que lo embistieran.

    Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.  Los cabezazos le llegaron a los brazos, los muslos y la barbilla. De pie, recibió cada uno de los golpes. El cuello de la serpiente iba en todas direcciones. No podía dejarse caer, si lo hacía  no habría quién protegiera a Sariel y Tora.

¡Enséñame el rostro, pueblerino!

¡Aquí está, Merló!

El trillizo relució sus dientes y preparó la mordida. Esta vez no fallaría, la carne blanda de Agelein entraría fácilmente en sus colmillos y la toxina lo dejaría inconsciente al instante. Produjo más veneno, abrió la quijada por completó y aventó la mordida.

—¡Enrent! ¡Dúo de enredos!

Dos enredaderas apretaron los colmillos de Merlo 1 y tiraron de ellos hacia adelante. El noble escapó antes de que se los arrancaran y contrajo el cuello hasta su cuerpo. Hedera hizo su aparición. Ursus y Unda dejaron de observar la pelea y se acercaron.

Agelein, gracias por rescatar a Tora.

Les debíamos una – respondió mareado y en desequilibrio.

Hedera, ¿estás bien? – preguntó Tora.

Yo debería preguntarte eso, hay que tratar tus heridas pero primero necesitamos escapar de aquí.

¡¿Ya terminaron su reunión de pueblerinos?! – siseó Merló 1.

Hedera era la única capaz de pelar.  Agelein hace mucho que había dejado de sentir dolor por lo que no dimensionó la gravedad de sus moretes. Enfrentarse a tres nobles podía considerarse una misión suicida.

Hagamos esto con cuidado, Merló. Ella tiene el mapa que necesitamos – dijo Unda.

Ella ordena, yo acato – reafirmó  Ursus.

¡No! ¡No voy a dejar que el pueblerino vuelva a escaparse! ¡Me vengaré aquí de las humillaciones que me ha hecho pasar!

Toda la familia Merló es igual. Ursus, prepárate. Mamba, el niño es tuyo.

¡Eso quería escuchar!

Merló 1 extendió su cuello. Ursus y Unda se dispersaron en paralelo para emboscar a Hedera. Sólo podía producir un total de tres enredaderas que serían esquivadas con facilidad. Tora se paró haciendo un máximo esfuerzo y Sariel dormía en el suelo. Agelein, Hedera y Tora se emparejaron para protegerse. La batalla estaba perdida.

¡Eres mío, pueblerino!

Nad, no voy a perder.  Te prometo que me convertiré en portador – Agelein alzó su brazo con la palma en alto ¡Primer enunciando! ¡Enunciado de invocación! ¡Palabra de seres imaginarios! ¡EL ÁNGEL! ¡ANGELANT!

¿Qué consecuencias traerá el choque entre Nad y Hoba? ¿Veremos más habilidades del joven con capa negra? ¿Qué significa la palabra que contiene el anillo de Agelein y cómo será su forma? La Boca del Gigante entra en su climax.