BACIS 10. LA BOCA DEL GIGANTE

La segunda fase del examen de Portadores está por iniciar. Los futuros miembros de Legión esperan ansiosos en la mansión del Centro de Inscripciones. El momento para revelar sus habilidades se acerca.

—¡Participantes! ¡Nos vemos en el vestíbulo!

La orden de Odinos recorrió cada estancia de la mansión en busca de los aspirantes. Dormidos, jugando o leyendo atendieron al llamado.  Agelein y Sariel salieron del comedor junto a sus nuevos amigos en cuanto escucharon la voz del Portador.

    En la antesala los jóvenes se agruparon según el tipo de anillo y las alianzas formadas.  Excepto la nobleza, aislada en una esquina y desdeñado a la gente común.

—Tendremos que ir con cuidado, Tora, Hedera, Aznal.

—¡Entendido!

—Ustedes también, Agelein y Sariel. No confíen en nadie.

Surypa tenía la misma edad que Nad y un tono similar para dar órdenes. Sus compañeros la seguían a donde fuera y acataban cada una de sus palabras. Agelein sospechó que tal vez se conocían desde antes y no de camino a Otaez como aseguraron.

—¡Participantes! ¡Atención! ¡Estamos por iniciar la segunda fase del examen!

Los 48 jóvenes movieron el cuello, tronaron los dedos, acomodaron sus ropas, ajustaron las sortijas y controlaron sus nervios. Fallar una prueba, sólo una, les costaría la oportunidad de ser llamados Portadores.

— ¡Salgan en orden por la puerta principal de la mansión!

El resplandor que vino de la puerta al abrirse los dejó enceguecidos unos segundos. Se suponía que la entrada, al igual que las ventanas y las otras compuertas, no daban hacia ningún lado. Ya que cuando un participante intentaba mover la perilla o el pestillo se topaba con la pared.  

    Agelein, Sariel y el grupo de Surypa cruzaron el umbral. La temperatura aumentó de manera drástica y un terreno pedregoso se encontraba bajo sus pies.  A lo lejos divisaron la figura distorsionada de Odinos por las ondas de calor.

—¡Participantes! ¡Bienvenidos sean a la Boca del Gigante!

Agelein dejó caer la quijada y los ojos le brincaron. La Boca del Gigante, el sitio de la segunda prueba, era un cañón de relieve circular que abarcaba tres ciudades imperiales enteras. Al fondo se localizaba una selva de las mismas dimensiones partida en dos por una zanja que recorría el cañón de extremo a extremo dando al precipicio.

    Los concursantes vislumbraron la magnitud del escenario desde el borde. Allí abajo, entre los pantanos, el rugido de las bestias, el cauce de las cascadas, el veneno de las tarántulas, la oscuridad de las cuevas, el aroma de las naranjas y el abismo en medio de la selva, defenderían su anillo.

—¿Sariel, de casualidad tu hermana nunca te platicó de este cañón dentro del Centro de Inscripciones? – preguntó Agelein atónito.

—Nop, nunca.

—Ojalá lo hubiera hecho.

Nad no llegaba aún. Al irse un día antes lo más seguro es que ya estuviera internado en la selva esperando a que diera inicio la prueba. Aunque los demás no sabían si eso estaba permitido. Del mismo modo, el príncipe Eli no aparecía.

—¡Participantes! ¡Escuchen con atención! ¡Para esta prueba tendrán que formar equipos e internarse en la selva! ¡Los grupos estarán conformados por dos personas! ¡A cada pareja se le dará una banderilla y un trozo de mapa! ¡En medio de la selva, justo encima del abismo se encuentra un  zócalo sostenido por cuatro puentes! ¡Su objetivo será llegar hasta él y colocar la bandera en una de las 15 astas que hemos dejado! ¡Tendrán tres días para lograrlo!  ¡Escojan a la persona que quieren como equipo y pasen conmigo para que les entregue su banderilla!  

Si el zócalo sólo contaba con 15 astas quería decir que 10 equipos serían eliminados. Rápidamente los jóvenes eligieron a su pareja y otros tantos se demoraron en conseguirlo. Los trillizos Merló por ejemplo.

—Uno de nosotros tendrá que irse – dijo Merló 1.

—Yo no quiero irme – respondió Merló 2.

—Ni yo – argumentó Merló 3.

Agelein no supo cómo pedirle a Sariel que fuera su equipo. Al haberlo salvado en la prueba pasada, a lo mejor creería que solamente la necesitaba para seguir superando las fases del examen. También pensó en decirle a Surypa o Aznal, lo único es que ellos ya se encontraban armando sus bandos.

—¡Yo quiero ir con Surypa! – exclamó Aznal.

—¿Y tú por qué? – reclamó Hedera.

—Lo mejor será que nos dividamos de manera equitativa para asegurar los resultados del examen.

—Pienso lo mismo, Torá. Tú ve con Hedera y yo iré con Aznal, no podemos tomárnoslo a la ligera. Agelein, Sariel, ¿ustedes qué harán?

—Ammm, bueno, yo les iba pedir que … — tartamudeó Agelein.

—Agelein será mi equipo.

Sariel lo dijo convencida. A pesar de sus personalidades, las cuales no cuadraban en absoluto, entre ambos existía una conexión que seguían sin descubrir.  Agelein sonrío y el corazón le palpitó a tres mil por hora.

—¡Todos los equipos hagan una fila y pasen conmigo!

Odinos les entregó la banderilla y el fragmento de mapa. Los 24 equipos estaban listos para perderse en la selva y encontrar el camino a las astas.  Justo en la orilla del cañón esperaban el grito de salida. Faltaba un equipo.

—¡Participantes! ¡La bandera que se las ha dado es la única que tendrán! ¡Si la pierden deberán recuperarla a cualquier precio! ¡Eso quiere decir que los otros equipos podrán robar su bandera! ¡Además cada pareja tiene en sus manos la mitad un mapa! ¡Para conocer mejor el terreno y la ubicación exacta del zócalo les recomiendo que consigan la parte contraria!

Agelein supo que ya no podría evitar una pelea. Dentro de poco iba a tener que luchar si es que quería convertirse en Portador. La selva sería un campo de batalla, necesitaba diseñar una estrategia y sobre todo evitar encontrarse con los trillizos Merló.

—¡No lo olviden! ¡Tienen tres días! ¡Si quieren comer tendrán que cazar! ¡Si quieren dormir tendrán que armar su propia tienda! ¡Si quieren ganar tendrán que trabajar en equipo! ¡Los Portadores somos parte de una Legión! ¡La Legión es nuestra familia y debemos protegerla aunque eso nos cueste la vida!  ¡Un verdadero Portador confía en sus compañeros! ¡Cuando les dé la señal bajarán a la selva en direcciones alternas! ¡¿Listos?! ¡3, 2, ..! ¡Esperennnnnnnnnn!

De los 50 participantes que habían logrado pasar la primera fase sólo se encontraban 48.  Los dos aspirantes que decidieron ir por el pasillo contrario y conocer antes el terreno de la prueba seguían sin aparecer.

—¡¿Por qué no han llegado el príncipe Eli y el participante Nad?!

Hay que recordar que Nad era pésimo para buscar direcciones. Si tuvo la oportunidad de entrar a la selva mucho antes eso quería decir que se encontraba perdido y no encontraba el camino de regreso a la cima del cañón. ¿Pero qué pasaba entonces con el príncipe? ¿Por qué tampoco aparecía?

—¡Si no llegan en este momento como acordamos serán eliminados!

¿Nad eliminado? Los trillizos Merló festejaban junto a otros participantes. Desde un principio no aceptaron que alguien sin anillo pudiera inscribirse y que perdiera a inicios de la segunda prueba los alegraba. Sin contar que la eliminación del príncipe Eli también resultaba beneficioso.

    Odinos iba a dar ya el grito de eliminación y se detuvo. Los jóvenes no supieron bien qué estaba sucediendo. El Portador parecía escuchar a alguien, sin embargo no había ninguna otra persona. Odinos asintió con la cabeza y continúo dando indicaciones.

—¡Participantes Eli y Nad! ¡En castigo por no haberse presentado a tiempo les hemos removido el derecho de elegir a su compañero y los asignaremos como equipo! ¡Además su bandera le será otorgada a otra pareja! ¡¿Quién quiere la primera bandera robada?!

Agelein intentó levantar la mano. Si se quedaba la bandera de Nad podía encontrarlo y dársela sin ningún problema. Así le pagaría la ayuda que le había brindado al entrenarlo y enseñarle el primero de los cinco enunciados de poder. Otra pareja se adelantó.

—Nosotros la queremos.

Era el equipo de Merló 3. El que habló fue  su compañero, un joven de la nobleza que portaba un anillo rubí. De piel blanca, ojos azulados y cabello rubio  sostuvo  la bandera de Nad y el príncipe.

—Tu amigo ha hecho un enemigo poderoso, Agelein – comentó Surypa.

—¿Lo conoces?

—Digamos que lo he visto cazar.

Con los 25 equipos formados y uno ya en el terreno la segunda fase estaba lista para iniciar. Agelein y Sariel se despidieron de  sus amigos y se colocaron en los senderos que daban al lado oeste de la selva. En el centro de la hendidura que dividía el escenario colgaba  el zócalo sostenido por los cuatros puentes. Al momento de bajar lo perderían de vista.

—¡Participantes! ¡Saldrán en 3, 2, 1! ¡AHORA!

48 jóvenes corrieron hacia la selva. Mientras bajaban Agelein notó que en el lado este las batallas iniciaban. Tres equipos peleaban en los senderos, se jaloneaban la bandera y pateaban al contrario. Surypa y Aznal formaban parte.

—¡Agelein, cuidado! – gritó Sariel.

¡Flechent! ¡Gallont!

Ent era la terminación para el enunciado de ataque y ont para el de transformación.  Al escucharlos, Agelein volteó a hacia los lados y se encontró con que un equipo venía hacia ellos. Sobre las espaldas de su compañero, un joven  imitó la forma de un arco con los brazos y disparó una flecha. El otro corría a toda velocidad y sus piernas se habían convertido en las patas de un gallo.

    Sariel y Agelein alcanzaron a esquivar la flecha. Misma que le dio en el brazo a una pareja de mujeres. En la tierra gritaba la adolescente herida mientras su pareja arrancaba pedazos de su blusa para detener el sangrado ¿Este era el poder de los anillos? ¿De verdad podría superar la segunda fase?

—¡Agelein! ¡Concéntrate! – gritó Sariel más seria que nunca.

—¡Sí!

El joven con patas de gallo y su compañero los interceptaron de frente. Agelein y Sariel frenaron de un sólo golpe. Casi resbalan y el polvo no los dejó ver con exactitud en qué dirección vendría la siguiente flecha. Agelein se puso delante para proteger a su compañera y recibir el ataque.

¡Tercia de flechas!

Con forma de arco en sus brazos el competidor disparó tres flechas. La primera iba al pecho, la segunda a la pierna y la tercera a la bandera que traía colgada su oponente en la cintura. Agelein intentó pronunciar el enunciado que le habían enseñado pero el miedo no se lo permitió.

¡Enrent! ¡Tercia de enredos!

Las flechas fueron interceptadas por tres enredaderas. Hedera trajo consigo las lianas mientras iba en el lomo de Tora quien cabalgaba por la tierra con pezuñas de toro. El grupo contrario al ver que tendrían que pelear contra cuatro decidió escapar y se perdieron en la maleza.

—¡Agelein, Sariel, nos deben una! ¡Adiós! – gritó Hedera y entró con Tora a la selva.

¿Tercia? ¿Ent? ¿Ont? ¿Enunciados de Poder? Agelein ya no entendía qué estaba sucediendo. Estas eran personas que llevaban entrenando mucho tiempo para aplicar al examen. Con saber uno de los cinco enunciados no sería suficiente.

    Llegaron a la jungla. Sariel se tiró debajo de unos arbustos y Agelein hizo lo mismo. Otros grupos pasaron jadeantes y tras unos minutos lo único que se escuchó fue el gorjeo de los  animales y la vegetación mecida por el viento.  Las parejas planearían ahora su mejor estrategia.

—¡Uff! ¡Eso estuvo cerca! ¡No estaría mal que durmiéramos!

—Sariel, perdón, prometo concentrarme más desde ahora.

—¿De qué hablas?

—Hace un momento cuando casi nos quitan la bandera y perdemos.

—Agelein.

—¿Sí?

—Tengo sueño, cárgame.

—¡¿Ehhh?!

Nad llevaba tres horas dando vueltas por el mismo pantano. Al salir de la cueva estuvo seguro que el camino de regreso era hacia la derecha y luego hacia la izquierda, hasta que admitió estar perdido. Los conejos lo observaban desde las ramas.

    Al escuchar las condiciones de Odinos tuvo otra sospecha. Era obvio que tenía que ser eliminado por no cumplir con lo acordado y a pesar de ello lo dejaban continuar. ¿Se trataba otra vez del líder de la Legión Rubí? De momento debía preocuparse por salir del pantano y encontrar a su compañero de equipo.

    ¿Pero cómo era el Príncipe Eli? Nad trató de recordarlo. Sólo lo conocía por el poder que emanaba su anillo y es que  cuando atravesaron  juntos el pasadizo no le prestó atención. Su mente estaba en el encuentro con Lura. Distinguir a un príncipe no debía ser tan complicado. ¿O sí?

—Mmmmm– Nad volvió a darle la vuelta al mismo pantano.

15 astas se encuentran en zócalo de la jungla. Sólo 30 competidores pasarán a la siguiente fase. La Boca del Gigante será el escenario perfecto para conocer la habilidad de cada participante. ¿Agelein revelará la palabra de su anillo? ¿El príncipe Eli podrá formar equipo con el compañero que le asignaron?  Nos espera el impacto entre el METEORO y la NADA.