BACIS 7. ATRÁPAME SI PUEDES

En el Centro de Inscripciones ha comenzado la primera fase para convertirse en Portador. Los competidores no saben qué les espera y sólo algunos lograrán ser parte de una de las seis Legiones del Imperio de Otaez: Rubí, Esmeralda, Zafiro, Oro, Plata y Cobre. 

—¡Participantes! ¡En esta primera fase pondremos a prueba su talento para ocultarse! ¡Un Portador debe ser capaz de disfrazar su verdadero poder ante el enemigo!

La voz de Odinos regresó a la sala. A oscuras los adolescentes permanecían atentos. Nad distinguió a cada asistente debido a la energía que emanaban  sus sortijas.

—¡Tendrán dos opciones!  ¡La primera de ellas es detectar el anillo de otros y eliminarlos! ¡Si tocan el hombro o la cabeza de su contrincante este quedará automáticamente fuera! ¡Como segunda opción pueden elegir esconderse y que nadie los encuentre! ¡La estrategia depende de ustedes! ¡Aquellos que sigan aquí después de 24 horas pasarán a la siguiente fase! ¡Mucha suerte y cuidado con el pozo!

Sólo hubo silencio. Momentos antes el parloteo, los chasquidos y el alboroto inundaba el lugar. En cuanto Odinos dio las instrucciones toda señal de ruido desapareció. Lo único que se escuchaba era la respiración. La respiración de 150 jóvenes luchando por el título de Portador. ¿Quién daría el primer paso? ¿Quién iniciaría oficialmente el examen.

Nad se sentó en el suelo a esperar que pasaran las 24 horas sin intención de eliminar a nadie. Aunque pudo advertir cómo ya los participantes comenzaban a encubrir el poder de sus anillos. La energía iba disminuyendo hasta volverse una mota de polvo.

    Entre quienes iniciaron a reducir su presencia se encontraba el príncipe Eli. La habilidad que poesía para controlar la sortija superaba a la mayoría. Por otro lado, la hermana de Persa, líder de la Legión Esmeralda desvaneció en un segundo la potencia de su anillo. Echada en el piso, la joven roncaba despreocupada.

    Así como ellos dos, Nad tuvo presente la destreza de otros participantes. Los trillizos Merló con quienes se topó días antes pertenecían a ese grupo de gente. Al igual que serpientes se escurrían buscando  competidores que liquidar.

    Sin embargo no todos eran igual de experimentados. Ingenuos y débiles muchos trataban en vano de reducir la energía de sus anillos. Cualquiera podría sacarlos de la competencia. Había un participante en especial que sobresalía por no lograr ni ocultar una pizca de su poder. Nad sonrío al reconocerlo. Era nada más y nada menos que Agelein.

—¡Todos aquellos que logren permanecer 24 horas sin ser atrapados pasarán a la siguiente fase!

Agelein hiperventiló, sudó y  lloró. Para superar la primera fase debía permanecer 24 horas sin que lo atraparan. Estaba seguro de que no podría resistir ni siquiera dos horas.

  Intentó acordarse de lo aprendido con Nad durante el corto entrenamiento. Mantener la calma, respirar y sincronizar los latidos del corazón a la energía del anillo. Sólo así el Portador puede mantener en total control el poder que posee.  Agelein no mantuvo la calma, no respiró como debía y no sincronizó nada.

    La oscuridad lo inquietaba. Creía que en cualquier momento alguien lo iba a encontrar. Manos invisibles rodearon su imaginación. “¿Qué haría Nad?” “¿Dónde está ahora?” “Tranquilo, Agelein”

  Su única opción era esconderse. La fuerza actual que dominaba le permitiría mantenerse oculto y no más. Por 24 horas utilizaría toda su concentración en desaparecer cualquier rastro de su sortija.  “Da lo mejor de ti” Le había dicho Nad.

    Apretó las manos, cerró los ojos y se mantuvo de pie. Apreció cómo la energía del anillo iba conteniéndose, cada grado de fuerza que reducía le costaba a Agelein una concentración sobrehumana. 

—¡Participante Vero con anillo de plata! ¡Eliminada!

Odinos gritó el nombre de la primera en caer. Los participantes se desplazaban entre las sombras escudriñando a los más vulnerables.  Vero, una adolescente con el anillo de plata no logró mantenerse oculta mucho tiempo, los nervios la traicionaron y la descubrieron.

—¡Ahhhhhhhh!

El piso no era fijo. Los azulejos tenían un mecanismo que se activaba cuando uno de los aspirantes era encontrado. De esta manera caían directos por un pozo que abarcaba la sala completa. El chillido de Vero fue desvaneciéndose. 

—¡Participante Pris con  anillo de oro! ¡Eliminado!

Pris intentó escapar. Justo antes de lograrlo la trampilla del suelo se activó y el muchacho se derrumbó sobre el hueco. Si el pozo tenía fin o no es algo que no puede decirse con certeza, ya que los gritos de auxilio eran apagados al regresar los azulejos a su lugar.

    Agelein evitó poner atención a los aullidos y las suplicas.  No sabía cuántas horas restaban. Tal vez llevaba ahí una eternidad. “Calma, Agelein, piensa en lo que haría Nad”

—¡Participante Miry con anillo de zafiro! ¡Eliminada!

— ¡Participante Jandro con anillo de plata! ¡Eliminado!

—¡Eliminado!

—¡Eliminada!

—¡Eliminado!

—¡Eliminada!

—¡ELIMINADO!

Los trillizos Merló evadieron a tiempo a quien trató expulsarlos de la competencia. En estos momentos recorrían juntos la sala a un metro de distancia cada uno. Antes de eso formaban parte de los nobles que rodeaban al príncipe Eli.

Minutos después de que las luces se apagaran y que Odinos diera las reglas una sombra inició a deshacerse de la nobleza. Previnieron que serían los siguientes, así que se alejaron sin identificar de quién se trababa.

    Redujeron a cero la energía de sus anillos, se dispersaron y volvieron a reunirse en otro punto de la sala. Parecían serpientes al acechó. Merló 1 se diluía sobre los espacios, Merló 2 rastreaba y Merló 3 entendía la señal para atacar. A cada aspirante que eliminaban le decían en voz baja “¡Te encontramos!” Aunque su verdadero plan consistía en descubrir la sombra que casi los elimina y de ser posible encontrar al pueblerino con anillo de oro.

—¡Te encontramos!

El pueblerino y el tuerto los habían humillado. No tomaron ninguna consideración al toparse con nobles y los dejaron hablando solos. Sobre todo el que no tenía un ojo, quien ni siquiera les dirigió la mirada. 

  Conocían bien a Agelein y estaban seguros de en algún momento cometería una falla. Además hubieran reconocido sus alaridos en caso de que lo eliminaran. Debido a que ellos lo habían hecho hecho gritar innumerables veces en el pueblo del que venían.

   Desde las profundidades de la sala encontraron el flujo de energía. Se distrajo un segundo. Sólo un segundo. El pueblerino descansó y eso le dio la oportunidad a los trillizos Merló para encontrarlo. Las tres serpientes se arrastraron hacia su nueva presa.

Cincuenta participantes cruzaron delante de Nad sin darse cuenta. Incluyendo los trillizos Merló. Inexistente para los demás esperaba a que las 24 horas  concluyeran. En una esquina localizó a Agelein inmóvil, conteniendo el aire para no revelar su posición.

   Observó la forma en que caían los eliminados y la manera en que su voz languidecía por el pozo. La hermana de Persa seguía dormida y el número de participantes bajaba drásticamente. Nad fue el único que supo quién era la sombra que acechaba a los nobles. El príncipe Eli.

    Odinos no necesitó explicar dos veces el reto cuando el heredero de Otaez se lanzó sobre la nobleza. Aun así el príncipe tampoco se percató de Nad. En general nadie podía. No era que Nad estuviera falto de poder a causa de no portar una sortija, es que esa falta era su verdadero poder.

    Le tomó por sorpresa descubrir que los observaban. Desde  la parte superior de la sala todos los Portadores de Otaez se encontraban presenciando el examen. Cinco anillos sobresalían. Supuso que debían ser los líderes de las Legiones.

    Su atención cambió de punto al divisar el brillo de Agelein. El cansancio pudo contra su amigo y al tomar un respiro había liberado energía. Los Merló se percataron también de este movimiento. Nad pensó en ayudarlo, pero prefirió esperar a que  lo resolviera solo.

“Aguanta” “Aguanta” Agelein perdió la concentración. La energía de su anillo fluyó por la sala. El cansancio  ya no le permitió regresar  a su estado anterior. Su fin estaba cerca.  

    Los trillizos se acercaron a Agelein. Ya no lo quedaba nada de fuerza para ocultarse, caería también por el agujero y sus gritos quedarían opacados por las  paredes del pozo. De nada sirvió el entrenamiento ni los kilómetros corridos.

    Le quitarían su anillo y regresaría al pueblo derrotado. Directo a la casa de los nobles a trabajar de sirviente. A comer las sobras del ganado y llegar a su casa sin dinero. Condenado a servir para siempre. A ser un esclavo. Agelein no les daría el lujo de que lo vieran derrotado.

—Gracias, Nad.

Estaba listo para perder. Despegó las uñas ensangrentadas de sus manos y abrió los ojos topándose con la oscuridad. En siete días tuvo más aventuras de lo que pudo haber imaginado. Conocer a Nad le proporcionó otra visión del mundo.

—Déjame ayudarte – le susurró una vocecilla.

Los Merló acercaron sus cuerpos serpentinos a Agelein. La victoria era suya, nadie volvería a burlarse de ellos. Estaban a centímetros de eliminarlo y antes de que lo tocarán la presencia del anillo desapareció.

Nad sonrió al  saber que Agelein recibía ayuda.  Aunque esta  sonrisa le duró muy poco. Sin entender qué pasaba comenzó a tiritar. No lograba moverse y los dientes le rechinaban. Las venas de su rostro se sobresaltaron y en la retina del único ojo que le quedaba escurrían sus lágrimas.

    La impotencia invadió a Nad, el miedo lo consumió y a su memoria regresó el recuerdo de hace diez años. El grito en el cielo, los cuerpos calcinados en el campo,  el niño corriendo por el bosque, su hermana siéndole arrebata, la palabra vacía colocada en su cuerpo a costa de su nombre. Todo volvía.

Nad quedó completamente ido. Una mano con cinco anillos acariciaba su mejilla dentro de la sala y un hombre ubicado lejos del tiempo y ese espacio habló.

—El mundo de los Dioses pronto estará abierto, NADA.

La primera fase para convertirse en Portador trae el caos. ¿Quién acaba de aparecerse ante Nad? ¿Qué poder esconde el príncipe Eli? ¿Qué clase de Portadores serán los que vigilan a los participantes? ¿Agelein descubrirá la identidad de la persona que lo salvó?  El examen apenas ha dado inicio.