BACIS 6. EL EXAMEN DE PORTADORES

Los Anillos de Poder fueron otorgados por los Dioses en el inicio de los tiempos. Cada sortija guarda una palabra y sus letras marcan el destino de quien la use. Sólo los Portadores tienen la capacidad de dominarlos. Hombres y mujeres que recibieron el don de poseer un anillo en los primeros 17 años de su vida. Aunque esto no es fácil, sólo se puede ser considerando Portador al pertenecer a una de las seis Legiones del Imperio de Otaez. En caso contrario la sortija debe ser removida del usuario y esta no puede  reclamarse jamás. Así, cada año se lanza una convocatoria para todos aquellos que quieran adquirir el título de Portador.

Una centena jóvenes se dieron cita a las afueras del Centro de Inscripciones  para presentar el examen de Portadores. La mayor parte venía de los rincones más alejados del imperio, adolescentes de  zonas pobres que deseaban darle una mejor oportunidad a su familia. Nad y Agelein eran los últimos en la fila.

—¡Perdón, Nad! ¡Me quedé dormido!

—Ya veo.

Faltaban quince minutos para que las puertas abrieran. Nadie sabía con exactitud en qué consistirían las pruebas. Debido a que cada año los Líderes de Legión decidían una nueva manera de seleccionar a sus miembros. Los aspirantes murmuraban acerca de los gremios a los que querían ingresar.

—Ojalá la Legión de Plata me acepté.

—Yo espero que la Legión Zafiro no sea tan estricta.

—Cualquier Legión es buena, menos la Chatarra, ya saben lo que les pasó.

El suceso acerca del asesinato de todos los miembros de la Legión de Cobre hace seis meses no era ningún secreto. El famoso Grupo Chatarra había sido exterminado misteriosamente y los anillos de cobre que portaban desaparecieron.

—Al parecer están buscando otro líder y nuevos miembros porque sólo quedó uno con vida. Una chica creo.

—¿Quién quisiera pertenecer al Grupo Chatarra?

—Ni loco me registro con ellos, además mi anillo es de Plata, muy por encima del Cobre.

Nad no prestó atención a las conversaciones a diferencia de Agelein. Quien atento anotaba en su mente cualquier detalle. Sobre todo las críticas que lanzaban indirectamente hacia el último joven de la fila que no traía  sortija y en cambio llevaba un parche en el ojo izquierdo.

—¿Y ese quién es?

—Escuché a tres nobles decir que es el guardaespaldas de ese niño.

—¿Será? Para mí que viene a registrarse.

—¿Sin anillo?

—¡Oigan! ¡Miren!

A la explanada llegaron cinco carruajes. Halados por corceles y custodiados por una docena de caballeros reales. Las carrozas tenían grabadas en rubí, esmeralda, zafiro, oro, plata y cobre el escudo de Otaez. La imagen del mundo sostenida por dos manos y una corona encima. Ello quería decir que el rey era dueño de cuanto hubiera.

—Es el príncipe Eli.

—Por mandato del rey su hijo y los  nobles entran primero al Centro de Inscripciones.

—¿Qué clase de palabra tendrá el anillo de un príncipe?

—Allá va un puesto menos para nosotros.

La nobleza y el príncipe accedieron por otra entrada. Debido al gran número de guardias que resguardaban la seguridad del futuro heredero al trono nadie pudo verlo. Lo único que relució fue el anillo rubí en su mano. Los participantes  se desanimaron al descubrirlo y algunos dudaron en seguir la prueba.

—¡Nad, las puertas! –exclamó Agelein.

El Centro de Inscripciones es uno de los edificios más grandes de la capital. Cuenta con más de 1000  salas y se cree que hay un acceso secreto a los cuarteles de cada Legión. Sólo los Portadores tienen permitido ingresar.

    Dos puertas de caoba que eran una sola y abarcaban el edificio entero se abrieron. El viento del interior sacudió las ropas de los participantes. Por primera vez descubrieron cómo era un Portador. Al frente apareció  un hombre vestido con un tabardo plateado, botas negras  y cinturón de cuero.

—¡Mi nombre es Odinos!  ¡Miembro de la Legión de Plata y Portador del anillo con la palabra Sonido! ¡¿Me escuchan?!

La voz de Odinos retumbó en la explanada. A pesar de encontrarse tan alejado Nad pudo oírlo claramente y Agelein se cubrió las orejas. Los competidores estaban anonadados. Esto superaba sus expectativas y ansiosos querían saber ya cuándo serían las pruebas.

—¡En nombre de nuestra Majestad, el Rey de Otaez y los cinco Líderes de Legión les agradecemos su interés por querer convertirse en Portadores! ¡Yo seré su guía y a continuación les explicaré en qué consiste el proceso de inscripción!

—¡Disculpeeeeeeeee! ¡¿A qué hora nos van a inscribir?! ¡Es que ya tengo sueño!

Los presentes buscaron a quién interrumpió al Portador. Era un insulto dirigirse de esa manera a los seres más fuertes del Imperio. Una joven acababa hablar y parecía estarse quedando dormida.  La voz de Odinos volvió a resonar.

—¡Tú debes ser la hermana de Persa, la Líder de la Legión Esmeralda! ¡Justo a eso iba! ¡No te duermassss!

Que la hermana de la Líder de la Legión Esmeralda estuviera presente para las pruebas resultaba extraño. Al igual que los nobles, los líderes adquirían el mismo estatus, por lo que pudo haber entrado junto al príncipe. En la mano de la joven posaba un anillo  esmeralda.

—¡Participantes!  ¡Atrás de mí encontrarán una sala donde los esperan seis personas! ¡Diríjanse a la que traiga una bandera con el mismo material de su sortija!  ¡Ellos les indicarán el día y la hora de su examen! ¡Mucha suerte a todos! ¡Y quienes tengan aptitudes para entrar a la Legión de Plata nos vemos pronto!

Daba inicio el registro para convertirse en Portador. Nad que haría lo necesario para superar cualquier prueba. Por eso viajó de tan lejos y esperó tanto tiempo.

   La fila avanzó y quien entraba ya no salía. Nad insinuó lo que podría estar sucediendo. Después de cinco horas él y Agelein ingresaron a la sala. Había seis mesas separadas unas de las otras y en estas reposaban seis libros abiertos. A un lado se encontraban las banderas de cada legión y los Portadores mencionados por Odinos.

—Nad, ya vi la bandera de la Legión de Oro, ¿has pensado a cuál te gustaría entrar? Podemos registrarnos en la misma.

—Entraré a donde nadie hace fila.

La mesa para el registro en la Legión de Cobre se encontraba vacía. Ningún participante había ido a inscribirse y quienes miraban la bandera se burlaban o volvían a platicar sobre el asesinato de los miembros del Grupo Chatarra.

—La Legión de Cobre. Seguro te aceptan.

—¿Por qué le dices?

—¡No lo tomes a mal! ¡Me refiero a que eres demasiado bueno y…!

—Nunca subestimes el poder de alguien.

—¡Sí! ¡Lo siento!

—Es hora de irme.

—¡Ey, Nad!

—Dime.

—Muchas gracias por todo. Por ayudarme a recuperar mi anillo, por llevarme contigo a ese hostal lujoso y por entrenarme el resto de la semana. Sé que llevamos muy poco de conocernos pero te considero mi amigo. Estoy seguro que pasarás las pruebas. Ammmm, nos vemos.

Agelein se dirigió a la mesa de la Legion de Oro. Nad lo detuvo. Le era difícil acercarse a las personas e incluso en el entrenamiento utilizó una vara para evitarlo. Al colocar su mano en el hombro del muchacho dio un gran paso para sí mismo.

—Agel.  Da lo mejor de ti.

—¡Sí!

De este modo Nad y Agelein partieron por caminos diferentes. Aunque se verían más pronto de lo que esperaban. En la mesa de registro de la Legión de Cobre atendía una joven sin alzar la mirada, con los pies cruzados y las manos en la espalda.

—Qué tal, gracias por estar interesado en unirse a la Legión de Cobre. Mi nombre es Kadu y actualmente soy la única… miembroactivadelaLegión — al decir esto quiso llorar. — ¿Usted cómo se llama?

—Nad.

—Señor Nad, este año estamos reclutando nuevos miembros, sin embargo parece que nadie con anillos de cobre a excepción de usted ha aparecido. También tenemos la vacante para Líder de Legión, debido a que… la Líder anterior ya no ejerce su función. Si usted considera que cuenta con las habilidades necesarias puede registrarse para el puesto.

—Ya veo.

—Perdón que lo incomode, ¿podría ver su sortija? Noté que no la trae puesta.

—Yo no uso anillos.

Nad no había pensado en cómo resolver esa situación y se negó a utilizar un anillo falso como le propuso Agelein. Para él eran el recuerdo de una batalla perdida, de cómo Lura utilizó  el poder de las sortijas para llevarse a su hermana.

—Así que es usted.

—¿Perdón?

—Hace unas horas los Líderes tuvieron una junta y el señor Ruber, dirigente de la Legión Rubí pidió que en caso de que apareciera alguien que no utilizara anillo lo dejáramos inscribirse.

—¿Ruber? Ya veo.

—¿Ha decidido entonces cómo le gustaría registrase? Lo único que le pediría es que escribiera en este libro su nombre y la palabra de su anill… Digo, sólo su nombre.

—Claro.

Kadu no supo en ese momento que la persona que acababa de aparecer ante ella cambiaría su vida. Dentro de poco la  Legión de Cobre se convertiría en la más poderosa de todo Otaez. Gracias a un joven en el que nadie creía.  Por ahora Kadu sólo miraba sorprendida la palabra que colocó en el apartado de anillo: NADA.

—¿Está seguro qué quiere aplicar para ese puesto?

—Sí.

—¿Esa es la palabra correcta de su sortija? O no sé qué use, disculpe.

—Yo no uso anillos. Y sí, esa es la palabra.

—Señor Nad gracias por estar interesado en la Legión de Cobre, atrás de mi hay otra sala dónde le dirán a qué hora y qué día es su examen.

—Ya veo.

Nad pasó al siguiente vestíbulo. Allí estaban los demás participantes. Susurraban intentando descifrar por qué los habían reunido si cada uno iba a diferentes Legiones. Al fondo Agelein levantó la mano para saludar a Nad. En el piso dormía la hermana de la Líder de la Legión Esmeralda y en otra esquina un grupo de nobles rodeaba al príncipe Eli, entre ellos se encontraban los trillizos Merló.

—¡Participantes! ¡Atención! – se escuchó la voz de Odinos. —¡Este año se han registrado 150 participantes para el examen de Portadores! ¡Veamos cuántos quedan al final!

La sala se inundó de emoción y adrenalina. Cada integrante esperaba el momento de demostrar la habilidad de su anillo y ganarse el título de Portador.  No renunciarían  tan fácil.

—¡Como saben! ¡La única forma legal de utilizar un Anillo de Poder es uniéndose a una Legión! ¡Los que no sean seleccionados deberán entregar sus sortijas al reino para resguardarlas y seguir conservando la paz que ha traído su Majestad desde el fin de la Guerra! ¡Dicho esto pasaré a explicarles cómo funciona la selección! ¡El examen está dividido en cuatro fases! ¡Cada fase pondrá a prueba sus capacidades! ¡Si fallan una de las etapas serán automáticamente eliminados! ¡Todos aquellos que logren superar las cuatro fases recibirán el título de Portador! ¡Ustedes han aplicado para la Legión del anillo que utilizan!  ¡Pero pueden decidir unirse a otra si así lo quieren! ¡Cosa que no les recomendamos! ¡Permanezcan en la Legión del anillo que portan! ¡¿Alguna duda?!

—¿Cuándo inicia el examen? – preguntó un participante.

—¡Olvidé decirles! ¡La primera fase comienza…! ¡AHORA!

El lugar oscureció por completo. Nad mantuvo la calma y el caos abarrotó la sala. Golpes en las puertas, tropezones, cabezazos accidentales y puntapiés. Nadie sabía qué estaba sucediendo. Nad se sentó en el piso y logró percibir la energía de los anillos de cada participante aunque no pudiera verlos. El camino para convertirse en Portador apenas empezaba.

El examen ha dado inicio. ¿En qué consistirá la primera fase? ¿Podrá Nad superar esta prueba? ¿De dónde conoce Ruber al joven de capa de negra? ¿Y a qué puesto habrá aplicado Nad en la Legión de Cobre?  Cuatro fases nos esperan y sólo algunos podrán ser llamados Portadores.