BACIS 5. LOS CINCO ENUNCIADOS

El rey de Otaez descansa en su alcoba. Pocos recuerdan su rostro, ya que desde el fin de la guerra no ha salido del castillo. Frente a la cama cubierta por sábanas de seda y lino se encuentra en reverencia su vasallo más fiel. El líder de la Legión de Oro.

-—Majestad, aquí estoy como lo solicitó.

-—Aurum, creo que es tiempo de que salga. Quisiera visitar mi jardín.

-—Sería un honor para nosotros, Majestad.

Aurum agachó la mirada para dirigirse al rey. Esta norma debía seguirse sin excepciones y quien no la respetara terminaba pagando con su vida. El monarca se sentó en el borde de la cama sin mover las sábanas.

-—Te mandé a llamar por otro motivo. Descubrí que me falta un anillo.  De cobre. ¿Acaso no me dijiste en su momento que te habías encargado de Dríada y su grupo?

-—Fue un error mío. Al volver descubrí que una joven seguía  con vida. Dríada debió dejarla en los cuartales sin que nos diéramos cuenta, desconozco el motivo. Estaba buscando el momento ideal para decírselo, Majestad.

-—¿Y cuándo esperas entregarme ese anillo?

-—Le pido paciencia. Con los exámenes ya a la puerta levantaríamos sospechas si me deshago de ella.

-—Confiaré en ti, mi querido Aurum. Pero no me hagas esperar mucho.

-—¡No le fallaré, Majestad!

-—Antes de que te vayas platícame un poco sobre cómo van los preparativos del examen.

-—Ya está todo listo. La mayoría de los participantes han llegado a la ciudad, aunque son menos que en años anteriores. Como lo advirtió el traidor.

-—Tranquilo, Aurum. Guru habrá tenido sus motivos.

-— No puedo perdonar que haya intentado deshacerse de usted , Majestad.

-—Pero tú estabas ahí, Aurum. Siempre lo estás. Ahora te pido que te retires, me encuentro muy cansado y aún debo atender a mi hijo. Este año presentará el examen.

-—Le deseo la mejor de las suertes al joven príncipe. Me retiro.

-—Aurum.

-—Dígame, Majestad.

-—Que Lura te proteja donde quiera que estés.

Es casi medio día y la vida en Otaez no para. Nuevos edificios se construyen, los canales transportan agua limpia, los nobles compran joyas y  los funcionarios continúan con el papeleo burocrático.  En un hostal descansan dos jóvenes. Faltan cinco días para el examen de Portadores.

-—Nad, ¿cómo crees que vayan a ser las pruebas?

-—No sé.

-— Nad, ¿habrá mucha gente fuerte ese día verdad?

-—Me imagino.

-—Nad, ¿qué clase de poder crees que tengan sus anillos?

-—Ni idea.

-—Nad.

-—¿Qué?

-—No sé cómo decírtelo.

-—Sólo dilo.

-—¡Quiero que me entrenes para el día del examen!

-—No.

Agelein saltó de la cama emocionado. Nad descansaba boca arriba y con los brazos detrás de la cabeza. El dormitorio que compartían daba a la plaza principal, por lo que alcanzaba a  escucharse la algarabía de los habitantes  y el aleteo de los pájaros sobrevolando las construcciones.

-—¡Nad! ¡Tú venciste a Lobo Blanco en dos golpes! ¡Yo no puedo hacer eso y necesito estar preparado! ¡Además me dijiste que esto no era un juego y quiero hacerlo en serio!

-—No tengo nada qué enseñarte.

-— Mi pueblo confía en que pase el examen. Yo sólo quiero demostrarles que puedo hacerlo.

-—¿Sólo para eso te interesa ser Portador? ¿Para demostrar algo? ¿Para presumir que tienes fuerza? ¿Para que te aplaudan? ¿Crees que en cinco días mágicamente tu fuerza aumentará?

Agelein guardó silencio y observó a Nad. Este no buscaba fama, reconocimiento o fortuna. Tampoco le importaba caerle bien a los demás o causar alguna impresión. Su meta era una sola . Encontrar Bacis. La tierra de los Dioses. Agelein pensó entonces en su propio objetivo, su propia determinación.

    Recordó los maltratos a sus padres por parte de los nobles. La explotación de los bosques que tanto había cuidado la gente de su pueblo. Las burlas de los trillizos Merló. Las 23 horas que trabajaba su hermano en el campo y ese anillo de oro que podría salvarlos.

-—Nad ¡YO QUIERO PROTEGER A MI PUEBLO!

-—Ya veo.

Las praderas de Otaez son famosas por sus altos árboles de nogal y las espinas de sus rosales. En estos momentos dos jóvenes contemplan el paisaje. Faltan cuatro días para el examen de Portadores.

-—¿Cuántos kilómetros corriste ayer?

-—¡30!

-—Que hoy sean 60.

-—¡¿60?!

Agelein corría sobre  la pradera. Descalzo y sin camisa se apresuraba a cumplir con la tarea impuesta por Nad. Las parejas que se dieron cita bajo los árboles estaban extrañadas de  ver en pleno calor a un joven utilizando una capa negra y un adolescente  corriendo semidesnudo alrededor de él.

    Nad no se consideraba así mismo un maestro. Al contrario, estaba muy por debajo de quien le enseñó. Pero al escuchar las palabras de Agelein en el hostal, pensó en ese niño de siete años que suplicaba porque soltaran a su hermana y que no pudo hacer nada para salvarla.

La mayoría de los participantes han llegado a Otaez. Las calles lucen los banderines de cada Legión excepto el Cobre. Personajes que conoceremos en su momento se inmiscuyen en el Centro de Inscripciones o intentan descubrir cómo será la prueba. Mientras tanto en las praderas dos jóvenes simulan una pelea.  Faltan tres días para el examen de Portadores.

-—¡Iahhh!

-—Cuida tu guardia.

-—¡Zaaa!

-—El puño siempre recto hacia el oponente.

-—¡Uggg!

-—No desprotejas los costados.

Nad sostenía una rama seca para defenderse sin mucho esfuerzo de los ataques de su pupilo. Ni los puños, las patadas, los brincos o los giros lograban acertarle. La frente de Agelein sudaba a chorros y sus cachetes parecían explotar de rubor.

    En tres días que faltaban no aprendería lo suficiente. A pesar de ello Nad reconocía su determinación. A él le había tomado diez años aprender lo que sabía y aún se encontraba al inicio del camino. Lo único que podía darle a Agelein era una forma de escapar en una situación de emergencia.

Largas filas se extienden en el Centro de Inscripciones. Desde muy temprano los participantes colocaron sus tiendas de campaña para ser los primeros en entrar. Hay adolescentes de entre 13 y 17 años. La mayoría hombres, aunque el número de mujeres resulta atractivo este año. En las praderas de Otaez dos jóvenes meditan. Faltan dos días para el examen de Portadores.

-—Existen cinco enunciados en cada anillo. Invocación. Ataque. Defensa. Transformación. Asimilación.  Intentaré que aprendas uno, no más.

-—Entendido. 

-—La invocación es la fuerza  del anillo. Y por ende tu propia fuerza. Un usuario débil o sin propósito tendrá una invocación débil.

-—Yo creí que con  detectar otros anillos ya se podía saber la fuerza de alguien.

-—El ataque es la acción que permite proyectar la fuerza de tu anillo.

-—No tenía idea.

-—La defensa es la capacidad de retener en un lugar específico la fuerza de tu anillo. Puedes saber invocar y atacar, pero si no aprendes a controlar totalmente esos dos enunciados jamás podrás defenderte.

-—Nunca he visto eso.

-—La transformación es la habilidad de adoptar la fuerza de tu anillo.  A partir de aquí se requiere un entrenamiento que puede llevar años.

-—Creo que ese enunciado no lo aprenderé hoy.

-—Por último, la asimilación es el deseo de ser la fuerza y la palabra de tu anillo. Nunca lo intentes o no quedará nada de ti. De estos cinco enunciados aprenderás el de invocación.

Todos los miembros de las diferentes Legiones aparecen para atestiguar las pruebas. Sólo en esta ocasión se reúnen, después siguen su camino por el mundo y realizan misiones en beneficio del Imperio. En los campos más conocidos de Otaez un joven con un parche en el ojo izquierdo sonríe satisfecho por dentro. Falta un día para el examen de Portadores.

-—¡Nad!

-—Ya veo.

-—¡¿Crees que funcione?!

-—No sé. Es hora de irnos.

Nad y Agelein dejaron las praderas de Otaez. Faltaba sólo un día más para saber en qué consistiría la prueba. Sólo un día más para luchar por el título de Portador. Bacis nunca se encontró tan cerca.

-—Nad.

-—¿Qué?

-—Ammm, ¿ya sabes cómo te vas a inscribir?

-—No.  

La próxima vez que volvamos a Otaez los exámenes para Portador darán inicio. ¿Qué personajes nos esperan? ¿Veremos el enunciado que le enseñó Nad a Agelein? ¿Conoceremos más sobre el poder de otros anillos? La prueba que decidirá el futuro de estos jóvenes está por comenzar.