BACIS 3. OTAEZ

Bienvenidos a Otaez, la capital del mundo. Vista desde las alturas se puede apreciar  la cadena montañosa que la rodea como defensa natural.  En el centro de la ciudad brota un lago que alimenta a la población y los campos desde que se fundó el Imperio.  Sobre sus aguas se erige el Palacio Real, alejado del bullicio y los festejos a media noche. Al fondo del lago, entre los peces y los nenúfares yace un arco de piedra caliza. Este es el portal que alguna vez conectó a la gente con la divinidad.  Es la entrada a Bacis: La tierra de los Dioses. O por lo menos eso se cree. Bienvenidos sean.

Nad no supo a dónde dirigirse. Las casas de tres pisos y las carretas con incrustes de mármol lo tenían sorprendido. Nunca imaginó que la capital fuera gigantesca. Los mercados se esparcían sobre avenidas enteras y en cada esquina alguien voceaba las noticias más recientes. Todas eran sobre la tormenta pasada y el destello púrpura en el cielo.

    La gente lo miraba de manera sospechosa. Pocas veces un joven a capa negra y parche en el ojo izquierdo aparecía por la ciudad. A paso lento buscó algún sitio que le diera información para saber en qué lugar serían las inscripciones para el examen de Portadores. Estuvo dando vueltas entre calles y  tiendas hasta que sin querer se topó con la plaza principal.

—¡Usted! ¡Únase a los carpinteros de la Corte!

—¡Mejor venga y apueste con nosotros en el craps!

—¡Ignórelos y coma como rey a precio de pobre en La Taberna del Pueblo!

—¡Yo le cambió esas ropas negras por unas de conde al mismo precio!

—¡No se vaya!

—¡Joven!  ¡Joven!  ¡No corra!

Escapó de los charlatanes pero a medida que avanzaba seguían apareciendo. Cansado de tanto esconderse terminó sentado en una banca. En el centro de la plaza reposaba un lago. Nad se apresuró para estar seguro de lo que veía. Al llegar a las cercas que bordeaban el lago pudo distinguir  muy en el fondo un arco de piedra caliza contorneado de raras imágenes y orificios del tamaño de un anillo. Era la entrada a Bacis.

    Quiso saltar al agua y sumergirse, sin embargo recordó que el portal no funcionaba desde los Dioses abandonaron a la humanidad. Si tan sólo pudiera activarlo iría a reclamar su verdadero nombre para después enfrentar a Lura.

—Pronto – se dijo. – Pronto me encontraré con los Dioses.

Dos personas pasaron corriendo muy cerca de Nad mientras este pensaba en el portal. Al principio no le tomó importancia aunque alcanzó a ver cómo uno de ellos corría más aprisa.

—¡Ayuda! ¡Me acaban de robar! ¡Devuélveme mi anillo!

El ladrón se escabullía por los puestos de fruta y jalaba  la ropa de los turistas para que tropezaran con el muchacho. Volteó y le enseñó la lengua en señal de burla. Iba bastante adelantado y nadie podría alcanzarlo a ese ritmo. Seguro de su asalto entró a un callejón que conocía de memoria y justo antes de escapar chocó con Nad.

—¿Por qué no le devuelves el anillo?

No parecía haber nada especial en esta persona. Lo único extraño era la capa que traía puesta y el parche en el ojo izquierdo. El ladrón sacó una navaja de la cintura y atacó. Lanzó dos estocadas al rostro que fueron esquivadas fácilmente y embistió al pecho sin éxito. Impaciente atacó a diestra y siniestra tratando de herir al joven.

—Eres el segundo problema con el que me topo aquí.

Nad tomó en un segundo la muñeca del ladrón y  le dio un cabezazo dejándolo inconsciente en el suelo. Tomó el anillo robado y vio llegar al muchacho exhausto.

—Creí que lo había perdido – dijo cansado. – No sé cómo pagarte, sin ese anillo no puedo inscribirme al examen.

—Todo tuyo – Nad le lanzó la sortija.

—La gente de  mi pueblo está contenta porque un anillo de oro me escogió. No puedo fallarles.

—¿Y por qué no lo detuviste con él entonces?

—Amm, lo que pasa es que todavía no aprendo a controlarlo.

—¿Y así quieres convertirte en Portador? Esto no es un juego.

—Tienes razón. Debo tomármelo más enserio.

—Dime una cosa, ¿sabes dónde queda el lugar de las inscripciones?

—¡Claro! Ahí estaba cuando me asaltaron.

— Me debes un favor y quiero que lo pagues. Llévame hacía allá.

—¿No sabes cómo llegar?

—… No.

La conversación se tornó absurda, el muchacho reía por la desorientación de Nad y salieron juntos del callejón. En un rincón alguien observaba a los dos jóvenes. Sobre todo al que utilizaba un parche.

—No nos hemos presentado, me llamo Agelein pero puedes decirme Agel.

—Nad.

La mayoría de los Líderes de Legión llevan más de doce horas discutiendo en la sala del trono. Algunos puestos se encuentran vacíos, incluyendo el del rey, quien no ha salido de sus aposentos desde el fin de la guerra.

—Recapitulemos. Ayer por la noche los anillos de  los Portadores que nos encontrábamos en Otaez comenzaron a brillar, segundos después un destello púrpura envolvió el cielo y cayó una tormenta. La peor que hemos vivido hasta el momento. Doblamos la seguridad y resguardamos la alcoba real ¿Se nos pasa alguna otra cosa? – preguntó Chappir,  líder de la Legión Zafiro.

—Tal vez un ligero detalle, que mientras ustedes dormían el rey pudo haber muerto – bramó Aurum, líder de la Legión de Oro.

—Tranquilo. Su Majestad se encuentra a salvo en su alcoba– respondió Argen, líder de la Legión de Plata.

—Eres el menos indicado para decirme que me tranquilice, Argen. Mejor vete por ese lacayo tuyo que se rebeló y ahora anda jugando con su anillo plateado en el basurero del Imperio.

— Niños, compórtenseeeeee – bostezó Persa, lideresa de la Legión Esmeralda. – Si Ruber estuviera aquí ya habríamos acabado con esto. Tengo tanto sueñoooo.

—Y aún nos queda por resolver el asunto de la Legión de Cobre – mencionó Argen.

—Sí, sí, ya sabemos que Dríada y tú eran novios. Pero  todos estuvimos de acuerdo en su momento en que no podemos prestar atención a lo que le haya pasado a la Legión menos necesaria.

—¡No te atrevas a burlarte, Aurum! ¡¿Te parece poca cosa que una Legión entera fuera asesinada?!

—Argen, entiendo tu preocupación, pero ya sabes lo que decidimos. Abrir una vacante a nuevo  líder en los próximos exámenes  – comentó Chappir.

—Y ese es ooooootro problema – bostezó Persa. —  Los exámenes.

—Parece que el viejo decrepito tenía razón. Cada año llegan menos a inscribirse – dijo Aurum.

—Guru nos advirtió de esto antes de desaparecer. Que el número de gente que puede portar anillos está disminuyendo – dijo Chappir.

—Por fin vamos a conocer cuántos anillos nos mandaron los Dioses, ahhhhhhh, tengo tanto sueñoooooooo.

—Eso parece. Además la medida que tomó el rey después de la guerra ha hecho que menos personas quieran venir a presentar el examen  – mencionó Argen.

—¡El destello purpura, el asesinato del Grupo Chatarra, la falta de participantes! ¡Y el maravilloso Ruber, líder de la excelsa Legión perfecta decide no aparecer!

—Aurum, Ruber aseguró que volvería para el día de las inscripciones.

—Chappir tiene razón, además ya sólo falta una semana– recordó  Argen.

-—¿Nadie le ha dicho a los participantessssss?

—No, ninguno sabe que el mismo día de las inscripciones inicia el examen – respondió Chappir.

—¿Entonces en qué quedamos? – preguntó Aurum.

—¿Tu qué crees? – respondió Argen.

—De ser así propongo un merecido descanso, caballeros, que durante la próxima semana andaremos muyyyyyy ocupados y no podré dormir nada – bostezó de nuevo Persa.

—Se levanta la sesión – concluyó Chappir.

En el área este de la ciudad se encuentra el Centro de Inscripciones. Un edificio de treinta metros de altura y una sola puerta. Varios jóvenes se encuentran aglomerados a la entrada. Nad y Agelein vienen llegando. Ninguno habla mucho.

—¿Entonces también vienes a convertirte en Portador?

—Así es.

—Espero que no lo tomes a mal, pero veo que te falta traer un anillo.

—Yo no uso anillos.

—¿Todavía estás esperando a que te llegue?

—No, ya cumplí 17.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—Nada. Mira, ese es el Centro de Inscripciones.

—¿Todos ellos vienen a presentar el examen?

—Sí.

Los jóvenes hacían fila en las ventanillas para pedir informes. La mayoría eran hombres y mujeres entre los 13 y 17 años.  Otros deambulaban por la explanada y muy pocos platicaban en grupo. Al llegar  Nad la mayoría activó en secreto sus anillos para ver cómo estos reaccionaban. No pudieron percibir poder en él.

—¿Por qué no te ayudaron si el ladrón te robó el anillo aquí?

—¿No lo sabes?

—¿Qué cosa?

—Nadie quiere demostrar su poder ante los demás. Esto les daría  ventaja para el examen. Por eso prefieren guardar sus habilidades hasta después de las inscripciones.

—Ya veo.

Tres jóvenes se acercaron a Nad y Agelein. Traían anillos de zafiro y molestaban a cualquiera que se dejara. Eran trillizos y  recién acababan de burlarse de una adolescente que se encontraban en la explanada por ir a presentar el examen. Ya que había pocas mujeres Portadoras en las Legiones.

—Le regresaron su anillo al pueblerino – se burló uno de ellos.

—Y  hasta trajo compañía – comentó otro.

—Pero no le veo ningún anillo ¿Será su guardaespaldas? – sonrió el tercero de los hermanos.

—Él es Nad y vino a presentar el examen igual que yo.

—¡¿El examen?! – exclamaron al mismo tiempo. -—No tiene sentido que alguien sin anillo venga a presentar el examen, pueblerino. ¡Ja, ja, ja, ja!  Estaremos  esperando a que te expulsen en la primera prueba.

—Agel, vámonos.

Dejaron atrás a los trillizos e hicieron fila.  Nad y Agelein tardaron una hora en ser atendidos. Mientras tanto docenas de adolescentes seguían apareciendo. Portando diferentes anillos y ocultando su poder.

—Venimos a pedir información para el examen de Portadores – dijo Nad.

—Claro, los pasos son muy sencillos. Dentro de siete días abriremos las puertas del edificio, les recomiendo que lleguen temprano. Seis personas los estarán esperando, deben ir con quien traiga una bandera del mismo material que su anillo. No lo olviden, sólo existen seis tipos de sortija: Cobre, Plata, Oro, Zafiro, Esmeralda y Rubí. Tras haberse registrado, ellos les indicarán las fechas y el lugar  del examen. Por cierto, este año tenemos una vacante que ofreceremos a todos los candidatos. La oportunidad de ser el nuevo líder de la Legión de Cobre y formar  un equipo de Portadores.

—¿Qué pasa si yo no uso anillo?

—¿Cómo? ¿Quieres decir que ya tienes 17 y nunca fuiste elegido por uno?

—No, yo no uso anillos.

—No entiendo. No puedes presentar el examen.

—Ya veo.

Nad y Agelein partieron del Centro de Inscripciones. Buscarían dónde comer y después un lugar barato para alojarse el resto de la semana. Aunque odió admitirlo, Nad pensó que sería buena idea ir a comer a la Taberna del Pueblo y comer como rey a precio de pobre.

—¿De dónde conocías a los trillizos de hace rato?

—Son hijos de los dueños de mi pueblo. Los tres se llaman Merló.

—Ya veo.

—Nad, una pregunta. ¿Qué harás para poder presentar el examen?

—Primero comer.

Faltan siete días para que  el examen de Portadores inicie  y  los participantes no lo saben. Alguien persigue a Nad desde las sombras ¿Quién será? ¿Hasta cuándo sabremos cómo funcionan los anillos y quiénes son exactamente los Portadoress? ¿Y por qué en Otaez da la sensación que no todo es lo que parece?